El Evangelio del día de hoy tomado de Mc 2, 18-22 es una clara invitación a la renovación de toda nuestra vida. Y sería muy bueno que también, de vez en cuando, le diéramos una renovada a nuestro corazón con la Gracia de Dios, la cual nos limpia y nos purifica.

El Evangelio de hoy nos habla acerca del enfrentamiento suscitado entre Jesús y los fariseos, ya que éstos murmuraban sobre por qué los discípulos de Jesús no ayunaban, de aquí parte toda la disputa.

Esto nos deja claro que Jesús nos llama a una renovación completa del corazón, la cual debe incluir un cambio radical en la mentalidad y en las actitudes de vida. La pregunta que le hicieron a Jesús de ¿Por qué tus discípulos no ayunan?, en realidad, tiene un trasfondo polémico. Los discípulos de Juan el Bautista ayunaban regularmente, así como los fariseos; en cambio, los discípulos de Jesús no lo hacían.

Pudiera surgirnos la pregunta de por qué los cristianos no seguían las normas judías del ayuno, la respuesta la encontramos en que con la llegada del Señor las cosas se renuevan, los tiempos nuevos traen exigencias nuevas. Así, Jesús pone el ejemplo del paño nuevo y de los odres nuevos. ¡A vino nuevo, odres nuevos! Lástima que esta frase a veces las mujeres sólo la utilizan para que el esposo o el papá les compren vestidos nuevos para las fiestas.

El vino nuevo es el Evangelio de Jesús, los odres viejos vendrían siendo las instituciones caducas y las mentalidades caducas de algunos. Muchas veces seguir instalados es muy cómodo porque no implica cambio, aventura, esfuerzo y dedicación. Mientras que, salir de nuestra rutina y de nuestra comodidad, nos implica mucho compromiso, es por eso que los tiempos mesiánicos, es decir, los tiempos de Jesús exigen la incomodidad del cambio y la novedad. Los odres nuevos, la tela nueva, son la mentalidad nueva y el corazón nuevo.

No es compatible encontrarme con Cristo y con su Evangelio y seguir con las mismas estructuras caducas de pecado, con las mismas situaciones que me mantienen atado al pasado. Es necesario y urgente una renovación del corazón. El Papa Francisco, en alguna ocasión que comentaba este texto decía que “los cristianos enquistados en el siempre se ha hecho así, tienen el corazón cerrado a las sorpresas del Espíritu Santo y nunca llegarán a la plenitud de la verdad porque son idólatras y rebeldes”.

Lo anterior nos invita, queridos hermanos, a estar siempre con un corazón abierto, con deseos de cambio y de conversión. No instalarnos en nuestras comodidades y actitudes de autodefensa.

Aunque también debemos decir que el ayuno sigue siendo una práctica necesaria en nuestra vida. En la Iglesia obliga el ayuno el miércoles de ceniza y el viernes santo, pero también es bueno tener en cuenta que debería ser una actitud permanente. Debemos ayunar, tanto física como espiritualmente, ya que nos hace mucho bien saber renunciar a algo y darlo a los demás, saber controlar nuestras pasiones y nuestros apetitos, saber renunciar voluntariamente a algo para obtener la libertad interior.

El ayuno nunca debe hacerse con una actitud de tristeza y agobio, sino que recordemos que la Pascua tiene primacía sobre la Cruz, esto quiere decir, que no debemos quedarnos con el ayuno como una práctica que oprima, sino que me lleve a vivir en la libertad para poder vivir en la alegría, la alegría pascual.

Pidámosle al Señor nos regale un corazón nuevo, con actitudes nuevas, con propósitos nuevos, con mentalidad nueva… Que nos conceda ser cristianos que siempre se renueven con la gracia de Dios.