Muchas de las ofensas que recibimos o ciertas heridas que nos han hecho, nos llevan a vivir presos del resentimiento o del rencor. Por ello la mayor esclavitud del hombre es vivir sin perdonar, ya que esto nos amarga la vida. Hoy te compartiré cómo lograr alcanzar el perdón, por eso meditaremos en el Evangelio de hoy es de Mt 18, 21-35.

En este Evangelio vemos que Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”. Luego, Jesús les contó la parábola del rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores.

Conocemos muy bien esta parábola, en donde el rey perdonó a un hombre que le debía muchísimos millones, después de que esté le suplicó el perdón. En cuanto el que había sido perdonado fue liberado, éste salió con uno de sus compañeros que le debía muy poco y lo metió a la cárcel, sin importarle su situación. Por esta actitud, el rey lo mandó llamar y le dijo ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Sabemos el desenlace, lo metió nuevamente a la cárcel.

Esta escena del Evangelio nos invita a vivir el perdón de corazón. Debemos ser conscientes de que Dios nos ha perdonado muchísimo y lo hace sin condiciones, simplemente por el amor que nos tiene. Esto nos debe llevar a perdonar también a nuestros hermanos, sin condiciones. Hoy se habla mucho de justicia, pero poco de perdón, ya que esté nos cuesta bastante.

Para explicarte el efecto que produce el rencor en nuestras vidas, actitud que se genera cuando no queremos perdonar, te quiero contar la siguiente historia:

Un exitoso judío, que había estado en un campo de concentración nazi, se enteró de que su más querido compañero de aquellos tristes días se hallaba enfermo y solo. Lo buscó y lo halló en la miseria. Se acercó a él y le preguntó: “¿Ya perdonaste a los nazis?”, por supuesto que no, le contestó decidido el moribundo, todavía los odio con toda mi alma. Entonces, concluyó su compañero, te tengo una mala noticia: ellos todavía te tienen prisionero.

Esta historia nos enseña que muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para quien me ofendió o lastimó, y es por eso, que no queremos perdonar y nos cuesta trabajo hacerlo. Lo que no nos damos cuenta es de que los primeros beneficiados del perdón somos nosotros mismos, ya que quien sufre es el odia y no el odiado.

El que cultiva rencor y resentimiento en su corazón no es feliz, ya que es como si atizara una llama que quiere que queme a su enemigo, pero en realidad sólo le quema a él mismo. El resentimiento destruye y quema sólo al resentido, a nadie más. Por eso, odiar nos destruye, porque es como un veneno que tomamos a diario, a cuenta gotas, y que finalmente nos termina envenenando y sin saber cómo vivir sin él.

Además, cuando decidimos no perdonar de corazón a quien nos lastimó, lo primero que queremos hacer es alejarnos de esa persona, pero la sorpresa es que el resentimiento te ata a las personas que odias desde el resentimiento. El estar resentido te vuelve esclavo, ya que te encadena a quien quieres separar de tu vida.

La conversión, aunque es una obra de la gracia y un trabajo interior, requiere de la cooperación del hombre, pues esta gracia supone el deseo sincero y el esfuerzo por querer cambiar de vida. Esta búsqueda sincera por querer conocer y amar más a Dios, debe tener manifestaciones y signos externos, pues la gracia lleva a una verdadera transformación en el corazón de la persona que la recibe. En este sentido, conviene que ahondemos en una de las principales manifestaciones de la conversión: la alegría de perdonar.

Perdonar es siempre una obra de la gracia, un don de lo alto que Dios otorga a quien lo pide con humildad, pero el perdón también es un acto humano, un ejercicio interior, que distingue al auténtico cristiano.

Por eso, perdonar no es un sentimiento, sino una decisión, ya que es eliminar o cancelar el efecto que la ofensa me produjo. Alguien alguna vez me dijo: ¿Cómo lo voy a perdonar si no estoy de acuerdo en lo que hizo? Si lo perdono es como aceptar lo que ha hecho. El perdón no se basa en la aceptación de lo que pasó, no significa que estés de acuerdo ni que lo apruebes. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos y emociones negativas que causaron dolor, enojo, frustración, ira, etc.

En resumen, perdonar es dejar de cargar un peso inútil que nos amarga, bloquea nuestra alegría, nos roba la paz y nos quita la tranquilidad. Es dejar cicatrizar una herida y no estarla abriendo constantemente por la auto compasión y la auto conmiseración.