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¿Cómo lograr la paz en el mundo?

¿Acaso crees que hace falta más amor en el mundo? Así como el amor construye el hogar y la vida de todos los que en él habitan, no olvidemos que el desamor, divide y desintegra a las familias. Debemos siempre luchar por quitar toda actitud de división y de envidia.

Qué triste es ver a muchas familias que, presas del egoísmo, no viven en el amor que es fuente de alegría para todos. Por eso, te compartimos una bella historia que te dejará una gran enseñanza.

En una aldea remota de la India donde casi no se conocen las frutas, un niño le hizo cierto trabajo a una señora y, ésta, en retribución, le obsequió un hermoso racimo de uvas y el pequeño niño acarició entre sus manos el racimo. En esa tarde calurosa ¡qué bien le venían esas uvas! pero el niño pensó: “Mi padre está trabajando en el campo y estará cansado y sediento. Le voy a llevar las uvas a él”.

El padre recibió esas uvas con mucha alegría, pero pensó: “Las guardaré para mi hija, para cuando me traiga la merienda. Ella viene exhausta y quizás las coma con mucho gusto”. Cuando la joven recibió el racimo de uvas de manos de su padre, dio un grito de felicidad. Pero de regreso a su casa, durante el trayecto, se dijo para sí: “Guardaré estas uvas para mi madre, porque la pobre está muy cansada…”

Aquella noche, cuando la humilde familia terminó de cenar, la madre anunció: “¡Tengo una sorpresa de postre!” Y, al instante, colocó sobre la mesa aquel hermoso racimo de uvas que ninguno había comido durante el día. ¿Qué fue lo que indujo a cada miembro de esa bella familia a no comer el delicioso racimo? Pues el amor del uno para con el otro. 

Es en los hogares donde aprendemos a amar y a darnos en generosidad a los demás. Cuánta necesidad tienen las familias de salir del individualismo y del egocentrismo que nos banaliza y nos hace pensar sólo en nosotros mismos. Cuando a la Madre Teresa de Calcuta le dieron el Premio Nobel de la Paz, entre las preguntas que le hicieron, hubo una que llamó

mucho mi atención, le preguntaron: “¿Madre cómo podemos lograr la paz en el mundo?” Ella, con la sencillez y profundidad que le caracterizaba, les respondió: “Ve con tu familia y ámalos”. 

La primera escuela del amor para los hijos es el matrimonio, que implica una entrega total al otro y una donación de todo el ser a su familia. Es vivir pensando cómo hacer feliz al otro, antes de pensar en cómo voy a ser feliz yo. Significa “servir” a los demás por amor, lo que supone “renuncia” y “desprendimiento”, tal cual como el ejemplo de la historia que te acabamos de compartir, en donde cada miembro supo renunciar y desprenderse del racimo de uvas por amor.

Debemos aprender a renunciar y desprendernos de “nuestros gustos” o de “lo que yo quiero”, para el beneficio de toda la familia. Si únicamente estamos esperando a que el otro me haga feliz, seguramente vamos hacia el fracaso. No hay mejor lugar donde aprendemos a ser la mejor versión de nosotros mismos que en la Familia. Ánimo, renuncia y despréndete de todo aquello que te aleja de quienes amas y aprende a darte por amor a ellos.

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