Todos nos hemos sentido, en más de una ocasión, presos de algo que no nos deja ser felices, hemos experimentado algún tipo de esclavitud interior en nuestros pecados o tendencias. A lo mejor estamos esclavos de una relación que no funcionó, de una amistad que te traicionó, o bien, hasta de un miedo que no nos deja ser felices.

Hoy vamos a escuchar la curación del endemoniado de Gerasa en donde se nos deja claro que el Reino de Dios en nuestra vida nos trae la liberación de todo mal, de toda atadura y de toda esclavitud al pecado. El Evangelio de Mc 5, 1-20 nos dice a grandes rasgos que se le presentó a Jesús un hombre que estaba poseído por un espíritu inmundo, nadie podía sujetarlo ya que nadie tenía la fuerza para dominarlo.

El demonio que poseía a este joven le gritaba a Jesús que no lo echara fuera, y cuando Jesús le preguntó su nombre, éste le dijo: “Me llamo Legión, porque somos muchos”. Entonces, Jesús apiadado de aquel joven atormentado, sacó a esos espíritus y los arrojó a una piara de cerdos que estaba en aquel lugar. Luego, los cerdos se fueron al acantilado y se ahogaron en el lago que había.

Este milagro es una manifestación clara de esa liberación que Jesús quiere hacer en nuestra vida. Y tal como vemos, a veces no es una cosa la que nos ata, sino que son Legión, es decir, muchas cosas que nos mantienen oprimidos y esclavizados. Debemos entender que el poder del mal es real y es muy grande, pero éste siempre retrocede ante el poder salvador de Jesús. Me llama la atención que cuando Jesús llegó aquel lugar se encontró con un hombre poseído por un espíritu, y no cualquier espíritu sino uno muy violento, todos le tenían miedo, y ni siquiera con cadenas podían dominarlo, debido a la fuerza del espíritu maligno que lo poseía.

El texto dice que este hombre por su situación, vivía en los sepulcros, otros dicen que vivía “fuera”. Lo que sí podemos afirmar es que este hombre se encontraba excluido de la vida social y comunitaria, como tantos hermanos nuestros que por alguna situación particular quedan relegados y los apartamos, pensemos por ejemplo en personas con ciertas enfermedades, pobreza extrema, ignorancia, miseria, por ser de otra raza, condición social o moral, por ejercer un oficio humilde o por tener que ganarse la vida en algo no bien visto como la prostitución, etc. Así como el endemoniado de hoy en el Evangelio que se encontraba encadenado, así también los tenemos apartados de nuestras vidas, no vaya a ser que nos vayan a robar, a ensuciar, a contaminar o a manchar nuestra imagen.

Ese hombre poseído corre hasta donde estaba Jesús para no ser liberado de su mal. Me llama mucho la atención cómo el mismo demonio sabe y reconoce el poder que Jesús tiene para expulsarlo, pues él mismo le implora que no lo eche fuera. Aquí el problema es que muchas veces nosotros o no reconocemos el poder que Dios tiene sobre el mal, o de plano, no queremos ser liberados.

Cuando Jesús le pregunta su nombre el espíritu responde que es Legión, porque son muchos. Y ciertamente, cuánto más lejos nos encontramos de Dios, son más los males que nos aquejan, son más los demonios que nos estarán tentando para no acercarnos a Dios. Muchas veces padecemos no sólo de un pecado sino de muchos: orgullo, envidia, sensualidad desmedida, avaricia, ambición, intolerancia, impaciencia, desprecio, violencia, miedo, mediocridad, consumismo, etc. Y a veces, somos nosotros los primeros que con nuestras actitudes le gritamos al Señor Jesús que no nos libere, que no nos quite aquello que estamos padeciendo. Y yo siento que en ocasiones lo hacemos porque le tenemos miedo al compromiso y al cambio.

No importa cuántos y cuáles sean tus tentaciones, tus pecados, no importa si es uno o es legión, es decir, muchos. Lo importante es que Jesús está aquí y te quiere liberar. Jesús es más fuerte que nuestro pecado y nuestros errores. Quiere obrar en ti una liberación integral, ya que cuando Cristo libera, restituye a la persona en su dignidad humana. Él quiere romper las cadenas que nos mantienen atados y nos esclavizan.

Al final, cuando el hombre quedó libre de sus males le pidió seguir a Jesús, pero éste se lo negó, lo mando a que fuera testigo de lo sucedido. Y esto es en realidad lo que Jesús quiere de nosotros, que demos testimonio del bien que él está obrando en nosotros, que vayamos a manifestar con nuestra vida que Jesús ha obrado la liberación en nuestros corazones. Pero en ocasiones no se hace esto porque le tenemos miedo al compromiso. ¿De qué te quiere liberar hoy Jesús? ¿Cuáles son las ataduras que hay en nuestra vida y en nuestro mundo?