¡Bendita cruz la que nos compartes! Ya que para lo que creemos en Cristo, la cruz es poder de Dios, es el lugar desde donde nos redimió del pecado, claro que para lo que no creen es un sufrimiento inútil o hasta masoquismo.

En México este día se celebra la santa cruz, mientras que en la Iglesia Universal se celebra el 14 de septiembre. Este día ha estado arraigado por mucho tiempo en el sector de la construcción aquí en nuestro país y por un permiso especial de la Santa Sede, el hallazgo de la santa cruz se celebra hoy 3 de mayo. Me gusta mucho que se celebre hoy, ya que siempre se celebra la cruz en tiempo pascual, en el tiempo de la resurrección. Esto tiene mucho sentido, ya que la cruz es el trofeo de la victoria pascual de Cristo sobre la muerte.

Por eso vamos a escuchar el libro de Nm 21, 4-9:

En aquellos días, el pueblo se impacientó y murmuró contra Dios y contra Moisés, diciendo: “¿Para qué nos sacaste de Egipto? ¿Para qué muriéramos en el desierto? No tenemos pan ni agua y ya estamos hastiados de esta miserable comida”.

Entonces envió Dios contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían y murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado al murmurar contra el Señor y contra ti. Ruega al Señor que aparte de nosotros las serpientes”. Moisés rogó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: “Haz una serpiente como ésas y levántala en un palo. El que haya sido mordió por las serpientes y mire la que tú hagas, vivirá”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la levantó en un palo; y si alguno era mordido y miraba la serpiente de bronce, quedaba curado.

En este texto vemos la actitud indolente del pueblo, el cual no reconoce las bondades de Dios, no es capaz de percibir todo lo que Dios hacía por ellos, en la situación difícil en que vivía se dejó llevar por la desesperación y le reclama a Dios. Ya una vez que Moisés intercede por ellos ante Dios, Dios mismo manda construir esa serpiente de bronce para que quien la mire, no muera.

Sabemos que esto es la figura de la cruz en el Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento, será Cristo el que penda del árbol de la cruz y desde ahí nos cure del pecado, desde ahí nos dará la salvación. Por tanto, no debemos temerle a la cruz, no debemos despreciarla o rechazarla, sino abrazar las pequeñas o grandes cruces que Dios nos comparte en la vida cotidiana.

La cruz de Cristo siempre nos ayuda a darle sentido a nuestro sufrimiento. Nunca debemos desesperarnos por las situaciones difíciles por las que atravesamos, más bien, debemos descubrir en Jesús crucificado el modelo a seguir en la vida cristiana. Celebrar la santa cruz es celebrar la victoria de Cristo sobre el pecado, pero no de una manera ajena, sino que se nos invita a tomarla y vivirla en carne propia.

Me hieren mucho las palabras de San Pablo en Filipenses 3, 18: “Muchos andan como lo he dicho muchas veces, y ahora lo digo con lágrimas en los ojos, muchos son enemigos de la cruz de Cristo”. Nosotros podemos ser enemigos de la cruz de Cristo cuando rechazamos las dificultades que Él mismo nos ofrece como un camino de purificación, como un camino de despojo o como un camino de perfección.

Soy enemigo de la cruz de Cristo cuando lo que reina en mi vida es la vanidad, el orgullo, la soberbia, la lujuria, la mentira, y tantos otros pecados que me dominan. No permitamos que nuestro pecado o nuestras tentaciones nos aparten de Cristo, al contrario, que la cruz de Cristo, la cual me comparte con amor, me lleve a configurarme con Él cada día más.