Reflexión Diaria EscritaReflexiones

Algunos dice: “Creo en Dios, pero no en la Iglesia…” ¿Qué opina Dios de esto?

Todos buscamos la felicidad y la queremos alcanzar sin que nos cueste trabajo. Por eso, son muchas las objeciones que los hombres ponen para no comprometerse y seguir al Señor Jesús. Hoy quiero hablarte de esta frase utilizada por muchos en donde se excusan para no hacer lo que a cada uno le toca.

Cuando no me quiero comprometer es muy fácil culpar a los demás, así me lavo las manos y asunto arreglado. Buena parte de aquellos que dicen esta frase de “Creo en Dios, pero no en la Iglesia…”, la dicen por que han quedado lastimados por los anti testimonios de ciertas personas dentro de la Iglesia, y es muy aceptable sentir enojo. Pero los que dicen esto de corazón son minoría, ya que la gran mayoría que utiliza esta frase es sólo para no comprometerse en lo personal.

Por supuesto que hemos sido testigos últimamente de grandes y graves escándalos en la Iglesia, y duele bastante ver las heridas que se causan cuando no se lleva una vida de santidad. Pero hoy es tiempo de que cada uno de nosotros, tomemos conciencia de que la conversión es personal y debemos abrirnos a ella.

Lo primero que no hemos entendido es que la Iglesia no sólo la conforman el Papa, los obispos, sacerdotes y religiosos; sino que la Iglesia la conformamos todos los bautizados, y a todos nos compete hacerla crecer con el buen testimonio y la entrega sincera de vida. Cuando digo que no creo en la Iglesia, en realidad tampoco estoy creyendo en mí y me estoy rechazando a mí mismo, porque todos somos parte de la Iglesia.

En el Evangelio de hoy, tomado de Lc 10, 13-16, vemos que el Señor Jesús les habla muy fuerte a tres ciudades: Corazaín, Betsaida y Cafarnaum por su tibieza y por su cerrazón a creer en Dios. Pero lo que hoy quiero tomar para mi reflexión es al final, en donde Jesús también les dijo a sus discípulos: “El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”.

Estas tres ciudades fueron testigos de tantos milagros y prodigios que el Señor realizó en su presencia, pero ellas no querían abrir sus corazones a Dios. Nos puede suceder lo mismo a nosotros, no reconocer todo lo bueno que Dios ha hecho en nosotros, pasar indiferentes ante su presencia y no favorecer un cambio real en nuestra vida.

Respecto a esta frase de “Creo en Dios, pero no en la Iglesia…”, el Señor nos habla claro, porque Jesús asegura que el que escucha a sus enviados, es decir, a su Iglesia, le escucha a Él, y quien les rechaza, le rechaza a Él y a su Padre que le ha enviado. Por eso no vale esta excusa de creer en Dios, pero no en la Iglesia.

Por supuesto que urge la conversión de todos, sacerdotes y laicos, consagrados y casados, solteros y viudos… el Señor nos llama a la conversión por parejo. Pero no despreciemos a la Iglesia, primero porque todos la conformamos, y segundo, porque Jesús se ha querido valer de ella para hacernos llegar su gracia, no se valió de ángeles, sino de hombres imperfectos.

Cuando despreciamos a la Iglesia, en realidad, nos estamos despreciando a nosotros mismos, pues por el bautismo, somos parte de ella. Así que trabajemos arduamente por cambiar nuestro corazón, por deshacernos de todas aquellas acciones y pecados que nos apartan del amor de Dios.

Mostrar más
Cerrar
Ir a la barra de herramientas