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3 Peticiones que Dios nos hace para que seamos FELICES

Es muy fácil echarle la culpa a todos los demás de nuestras desgracias. Cuando lo que se nos pide es exigente y nos cuesta trabajo hacerlo, aunque sea exigente, es más fácil señalar, inventar pretextos, culpar a los demás y no comprometernos con lo que nos toca y se nos pide.

Desde ayer hemos comenzado a leer el libro del Génesis, iniciando nuestra reflexión con el relato de la creación. Ayer escuchamos la creación de los primeros días, hoy continuaremos escuchando las demás cosas que ha creado Dios, haremos la reflexión de Gn 1, 20-2, 4.

En lo que me quisiera centrar hoy para compartir con ustedes es la creación que Dios hizo del hombre y la mujer a su imagen y semejanza, además de que vamos a descubrir que Dios nos piden algunas cosas específicas y veremos cómo le hemos fallado a Dios. El texto dice así:

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”.

Todo en la vida tiene un propósito específico y hemos sido creados con un fin. Lástima que a veces nos hemos olvidado de ese fin para el cual Dios nos creó y nos hemos deshumanizado, nos hemos encerrado en nuestro egoísmo y nos hemos alejado del fin de santidad que Dios quiere para cada uno de nosotros.

Lo primero que debemos recordar es que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, lo cual quiere decir que no somos cosas sino personas, con un alma capacitada para conocerlo y amarlo. Lo triste es que muchas veces esto no lo tomamos en cuenta y nos hemos cosificado, no nos tratamos como creación perfecta de Dios, al contrario, nos utilizamos vilmente y nos tratamos como cosas y no como seres humanos.

Del extracto del texto de hoy saco tres peticiones clarísimas que Dios nos pide en el momento de crear al ser humano: ser fecundos, multiplicarse y dominar todo lo creado. Reflexionando de una manera superficial estos tres mandatos que nos da el Señor, pueden parecernos poco importantes, pero en realidad, tienen una trascendencia muy grande. Y pareciera ser que hoy en día estas tres peticiones de Dios las hemos desechado y vivimos todo lo contrario, déjame explicarte porqué.

Sean fecundos, es lo primero que Dios nos pide. Por supuesto que Dios nos habla de la fecundidad en la vida, lo cual nos lleva a multiplicarnos. Pero, hoy nos está tocando vivir en una sociedad impregnada de una mentalidad totalmente anticonceptiva que lleva a no ser fecundos, lleva a los matrimonios a cosificarse y a tratarse únicamente como objetos de placer.

Además, cuánta esterilidad llevamos y no somos fecundos, no sólo en la transmisión de la vida, sino que no damos frutos de amor, de compasión o de generosidad. Dios nos llama a todos a la fecundidad, por eso hay que preguntarnos qué tanto fruto estamos dando en nuestra vida y en nuestros ambientes. Esto lleva a los matrimonios y a las familias a vivir encerradas en sí mismas, a ser egoístas y a no compartir el don de sí mismos con los demás.

Segundo, les pide multiplicarse. Una persona egoísta no suma y mucho menos multiplica, sino que resta y divide. Un reflejo también de esta sociedad enferma de egoísmo es la promoción abierta y descarada del aborto, lo cual no lleva a multiplicarse, sino a deshacerse del milagro de la vida. Y se utilizan términos cobardes para no hacer frente a la realidad. Hay que preguntarnos qué tanto soy factor de unidad y qué tanto me esfuerzo por multiplicar, o bien, qué tanto promuevo el asesinato de niños inocentes, qué tanto divido con mis críticas y calumnias, etc.

Finalmente, les pide dominar todo lo creado. Muchas veces, en lugar de dominar las cosas que Dios nos ha dado para nuestro bien y el usufructo del hombre, vivimos esclavizados por las cosas de esta tierra, vivimos anclados en el consumismo, en los placeres carnales, en los lujos desmedidos, etc. En lugar de dominar, somos dominados; en lugar de regir, somos gobernados.

Por eso, retomemos esto que Dios hoy nos pide: ser fecundos, multiplicarnos y dominar todo lo creado. No dejemos que el demonio se meta en nuestro corazón y haga destrozos. Dios nos creó por amor a su imagen y semejanza, valoremos lo que somos y lo que tenemos.

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