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3 Características indispensables para que nuestra oración sea eficaz

Queridos amigos hoy vamos a escuchar una escena muy bella del Evangelio, en donde vamos a descubrir una vez más el interés que tiene Jesús de curarnos totalmente, de limpiarnos de todo aquello que nos mancha. Quiero que descubramos hoy tres características indispensables de la oración para que sea efectiva.  

Vamos a reflexionar en el Evangelio de Lc 5, 12-16, que dice lo siguiente:

En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero. Queda limpio”, y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: “Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio”. Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.

Ya hemos hablado mucho acerca de las implicaciones de esta cruel enfermedad y digo cruel no de manera despectiva, sino por todo lo que los leprosos sufrían. El leproso se hallaba excluido del pueblo de Israel, era considerado un manchado y no podía tomar parte en la liturgia de la oración ni participar en la alegría de las fiestas. Se trataba de un hombre social y religiosamente marginado, se encontraba sólo, sin derechos y vivía lejos de los pueblos.

De este leproso que se acerca Jesús podemos identificar tres rasgos característicos de su acercamiento a Jesús, mismos que deberá tener siempre nuestra oración para que sea eficaz. Estas tres características son la fe, la tenacidad y la humildad. Comienzo por la fe, ya que este leproso sabía muy bien quien era Jesús y el poder que tenía para realizar el milagro y para que le cambiara totalmente su vida. No duda, él se acerca porque sabe que Jesús puede hacerlo.

Pero todavía más admirable es la tenacidad de este hombre, ya que no se deja llevar por los obstáculos de la sociedad. Recordemos que un leproso tenía que mantenerse lejos de la gente, incluso la Ley le exigía que cuando alguien se le acercará, él mismo tenía que gritar “impuro”, para que no se le acercaran. Pero este hombre, queriendo salir de su enfermedad y buscando verdaderamente un cambio de vida, es tenaz, lucha por conseguir lo que quiere, se acerca y derriba todos los obstáculos. Esta tenacidad va muy de la mano de la valentía, porque no se dejó intimidar por nadie, sino que luchó por lo que necesitaba.

Esto creo que es muy importante, ya que a veces no tenemos la perseverancia o la tenacidad para luchar por lo que queremos, nos dejamos vencer muy fácilmente por cualquier dificultad, por cualquier problema u obstáculo. Desgraciadamente dejamos que nos opriman, que otros decidan por mí y hasta le echo la culpa a los demás de mis desgracias, cuando yo mismo puedo y debo salir a buscar lo necesario para el cambio de mi vida.

Y, finalmente, tiene una actitud de humildad y no de arrogancia. Dice el texto que, al ver a Jesús, se postró rostro en tierra y le hizo su petición: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Son tres cosas que nos dejan ver claramente la humildad de este leproso. Lo primero es que llega y se postra rostro en tierra, es una actitud de abajamiento, de reconocer quién está frente a mí, no llega altanero y exigente, sino humilde y sencillo.

Segundo, al inicio de su petición reconoce el Señorío de Jesús, le llama por ese título mesiánico “Señor”, en eso está reconociendo el poder de quien tiene en frente. Y cuántas veces nosotros vamos a la oración incluso hasta dudando si mis plegarias son escuchadas. Y, finalmente, no exige, sino que le pide diciéndole: “si quieres, puedes curarme”. Esta es la cereza del pastel, el culmen de su actitud de humildad, no exige, sino que lo pide.

Cuántas veces nuestra oración no ha sido eficaz porque nos falta alguna de estas tres características: fe, tenacidad o humildad. Al final, Jesús una vez que obra la curación, le pide que vaya a presentarse al sacerdote y ofrezca lo prescrito por su purificación. Las palabras que Jesús le dijo “queda limpio”, nos habla de esa curación interior que también Jesús quiere hacer en nosotros. Cuál será la lepra que hoy Jesús quiere curar de nosotros: la soberbia, el egoísmo, la avaricia, la impureza, etc.

Finalmente, el leproso fue a dar gracias. ¿Qué tanto luchamos por lo que necesitamos en nuestro interior? ¿Qué tanto creemos que Jesús tiene el poder de cambiarnos? ¿Qué tan agradecidos somos con Dios por todo lo que nos ha regalado?

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