Las palabras convencen, pero el testimonio arrastra, es algo que una vez escuché decir a alguien y creo que es completamente cierto. De nada nos sirve hablar mucho, pero hacer poco. Hoy Jesús nos dice que lo que importa en la vida del cristiano es el testimonio creíble de lo que vivimos.

Hoy me inspiro en el Evangelio de Jn 5, 31-47:

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Si yo diera testimonio de mí, mi testimonio no tendría valor; otro es el que da testimonio de mí y yo bien sé que ese testimonio que da de mí es válido. Ustedes enviaron mensajeros a Juan el Bautista y él dio testimonio de la verdad. No es que yo quiera apoyarme en el testimonio de un hombre. Si digo esto, es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron alegrarse un instante con su luz. Pero yo tengo un testimonio mejor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las que yo hago, dan testimonio de mí y me acreditan como enviado del Padre.

Hoy Jesús nos invita a que revisemos nuestro corazón si arde como el de Juan el Bautista. Jesús mismo nos habla de que Juan el Bautista en su interior ardía y brillaba. ¿Verdaderamente arde nuestro interior por amor a Jesús? ¿Sentimos esa necesidad de compartir todo aquello que vivimos en nuestro corazón?

Todo cristiano está llamado a ser testimonio del Amor del Señor, pero como dice el dicho: “Nadie da lo que no tiene”. Por ello, hoy te invito a tres acciones concretas para que puedas vivir como un cristiano coherente:

Acércate a la Gracia de Dios:

Es imprescindible dejar que Dios nos deje experimentar su amor y éste lo puede hacer a través de la Gracia. Por ello, en esta Cuaresma te invito a que te acerques a realizar una buena, profunda y sincera confesión de tus pecados. Ahí, en la confesión, Dios te abraza como un Padre misericordioso, en donde quiere sanarte de las heridas que ha dejado en ti el pecado.

Conoce y ama la Palabra de Dios:

Muchos andamos secos y sedientos en nuestro interior. La Palabra de Dios es un río de agua viva que le da sentido a nuestra vida. Acércate a la Palabra de Dios, conócela, vívela y nútrete de ella para que encuentres sentido a todo.

Vive en la caridad:

De nada nos sirve vivir un cristianismo egoísta, es decir, en donde me consuelo con acercarme a Dios, pero no lo comparto, no lo transmito, no lo vivo con los otros. Los árboles se conocen por sus frutos, así también, un cristiano auténtico se conoce por los frutos de amor y conversión que realiza.