No he conocido hasta hoy a nadie que quiera ser esclavo o alguien que quiera estar encadenado a algo o a alguien que lo manipule. Pero sí he conocido a muchos, que teniendo todo para ser verdaderamente libres, viven atados, interior o exteriormente, a muchas cosas o personas. Hoy te comparto cómo encontrar verdaderamente la libertad.

El texto que quiero reflexionar es de Jn 8, 31-42:

En aquel tiempo, Jesús dijo a los que habían creído en él: “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderos discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. Ellos replicaron: “Somos hijos de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: ‘Serán libres’?”. Jesús les contestó: “Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres”.

Este texto nos da una clave de discernimiento para saber si el hombre es verdaderamente libre o no. Todos, absolutamente todos los hombres, buscamos ser libres y no nos gusta estar atados a nada. Pero ¿qué es la libertad? Si eso se lo preguntamos a un joven, estoy casi seguro que me responderá: hacer lo que me dé la gana. Aunque la libertad auténtica no es hacer lo que yo quiera, sino hacer aquello que verdaderamente me plenifica, me explico.

Los judíos se sentían realmente libres sólo por pertenecer a un pueblo o por ser herederos de Abraham. Hoy Jesús nos enseña dónde se encuentra la verdadera libertad, no en pertenecer a un pueblo o en hacer lo que tú quieras, sino en estar libre de pecado y en dejarse llevar por la verdad. Estos son los dos criterios para la libertad: estar libres de pecado y dejarnos conducir por la verdad.

Alguien pudiera experimentar una aparente libertad exterior, ya que se tiene lo que se quiere, se vive como se quiere; pero si en el interior hay algo que te ata, como por ejemplo una pasión desordenada que te domina, un resentimiento que te quita la paz, una avaricia que no puedes controlar, un deseo insaciable de venganza, en realidad, no eres libre, hagas lo hagas, aunque sea lo que te dé la gana, no eres realmente libre, estas condicionado por eso que en el interior te domina. Ya lo dijo hoy Jesús en el Evangelio “quien comete pecado es esclavo”.

El segundo criterio que hoy Jesús nos da para saber si somos realmente libres es dejarnos conducir por la verdad. Hemos escuchado “la verdad los hará libres”, y cuánta verdad hay en esto, ya que vivimos en una sociedad de apariencia, en donde a los ojos del mundo vales por lo que tienes, por el carro último modelo, por tus grandes capacidades y logros, por tantos títulos acumulados, etc. La sociedad consumista nos quiere hacer creer que lo que cuenta únicamente es lo exterior, lo cual nos lleva a vivir de apariencias y no en la verdad de lo que somos. Podemos aparentar mucho ante los demás, pero qué es verdaderamente lo que hay en tu interior.

Jesús fue el hombre más libre en esta tierra, libre ante su familia, ante sus discípulos, ante el sistema político, ante las autoridades, etc. Todo porque no hubo pecado en Él y siempre se dejó conducir por la verdad. Pudiéramos reconocer que hay ataduras en nuestro corazón ¿qué cadenas en tu interior no te dejan ser libre y tienes que seguir aparentando alguien que no eres? ¿de qué o de quién eres esclavo? ¿qué pasión te ciega en el interior y no te deja actuar en libertad?