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2 actitudes fundamentales para comenzar este Adviento de la mejor manera

Estamos iniciando el tiempo de preparación para la Navidad y debemos arrancar calentando motores. Lo primero que debemos hacer es fortalecer nuestra fe ya que, al final de cuentas, es lo que se necesita para que Dios pueda obrar maravillas en nuestras vidas. Reflexionaremos en el Evangelio de Mt 8, 5-11:

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: “Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico y sufre mucho”. Él le contestó: “Voy a curarlo”. Pero el oficial le replicó: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”. Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos”.

Hoy en este Evangelio se nos invita a contemplar en el Centurión Romano dos actitudes fundamentales en la vida del cristiano y más ahora que estamos iniciando este tiempo de Adviento, tiempo propio de preparación para la Venida del Salvador. Estas dos actitudes son la fe y la humildad.

Sabemos que el Centurión era romano, y además no era cualquier soldado, sino que tenía a su cargo una centuria de soldados, además, sabemos que los romanos eran mal vistos en Palestina, ya que era opresores y paganos, además no eran judíos, ni “oficialmente” creyentes.

¿Pero qué fue lo que sucedió con este centurión romano? La compasión, su cariño y la gratitud por su criado enfermo hizo que se viniera abajo su orgullo y salió al encuentro con Jesús para que lo sanara. Cuántas veces por seguir los protocolos, las apariencias o el qué dirán no salimos a buscar nuestras necesidades o las de nuestros hermanos.

Esta actitud de fe es fundamental para que podamos vivir en plenitud este Adviento. Pero para que la fe se pueda dar se necesitar salir al encuentro, no quedarnos instalados y expectantes, sino provocar el encuentro con Jesús. El verdadero encuentro transforma, da aliento de vida, cambia las mentes y los corazones, nos da valor para hacer grandes cosas, nos da fuerza para cambiar nuestro presente.

Si aún sigues instalado y no sales de tu situación, preguntante si has tenido un verdadero encuentro con Jesús. El Papa Benedicto consideraba que la fe no es una teoría, una filosofía, una idea, sino que es un encuentro, un encuentro con Jesús. Sólo en el encuentro con Jesús podremos hacer arder nuestro corazón. ¿Qué tanto y de qué manera te has encontrado con Jesús?

Otra actitud fundamental que vemos en este centurión romano es que cuando le pide a Jesús la curación de su criado, no lo hace de una forma orgullosa, altanera, no exige ni reclama la situación que vive su criado, sino que humillándose y de una manera sencilla pide el milagro de la curación, ya que exclamó: “Señor, yo no soy digno de que Tú entre en mi casa…”

Cuántas veces vamos nosotros al encuentro con Cristo, pero lo hacemos exigiéndole resultados y cambios en nuestras vidas, pero lo hacemos sólo por orgullo o vanagloria, y no por una verdadera actitud de cambio; además, queremos cambios rápidos, pero sin poner nada de nuestra parte. El mismo Jesús alabó la actitud del centurión: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande”. Hoy se nos invita a prepararnos a la Venida del Salvador provocando el encuentro con Jesús y fomentando la fe y la humildad.

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