Tres cosas que aprender de la fiesta de la Presentación del Señor o de la Candelaria

Estamos celebrando la Fiesta de la Presentación del Señor en el templo, la cual se hacía cuarenta días después de su nacimiento, tal como lo indicaba la Ley de Moisés. Además, esta misma Ley mandaba que el hijo mayor de cada hogar, es decir, el primogénito, fuera ofrecido al Señor y lo tenían que rescatar con un ofrecimiento o una limosna al templo, lo cual lo realizaban ofreciendo un cordero o una paloma. En el Evangelio del día de hoy de Lc 2, 22-40 es:

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.

Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo: “Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.

Quiero que de este texto nosotros rescatemos tres elementos para nuestra reflexión del día:

  • La obediencia de María en la purificación:

Sabemos que la Ley de Moisés también mandaba que toda mujer, después de parto, se debía purificar porque se encontraba en un estado de impureza, lo cual debía remediar y debía observar ciertas cosas como no mostrarse en público ni tocar nada consagrado a Dios. Cuarenta días después del nacimiento del varón, ochenta si era niña, debía ir a purificarse en el templo y ofrecer una ofrenda.

Lo que debemos aprender de esto es la obediencia perfecta de María, de quien sabemos que Cristo había nacido puro y sin pecado, y María que fue inmaculada y después del parto permanecía Virgen, no debía de realizar la purificación estrictamente hablando, pero, aun así, por obediencia, se somete a esta prescripción de la Ley. ¿Cuántas veces nosotros buscamos miles de pretextos para escabullirnos de lo que nos toca o de lo que nos obliga?

  • Cristo es la luz que ilumina al mundo:

José y María llegaron a Jesús al templo de Jerusalén y como eran pobres llevaron como ofrenda dos palomas blancas. Al entrar al templo, el anciano Simeón, movido por el Espíritu Santo, tomó en brazos a Jesús y lo bendijo diciendo que Él sería la luz que iluminaría a todas las naciones. De aquí viene, que hoy también se conozca como la fiesta de la Candelaria.

Es por eso que hoy se nos invita a reflexionar en qué tanto me dejo iluminar por Cristo. Hay veces que estamos tan encandilados por tantas cosas que nos ofrece el mundo, que no permitimos que Cristo sea nuestra luz, mucho menos nosotros somos luz para el mundo. En ocasiones, al vivir sin la luz o sin la gracia, en lugar de ser ayuda para los demás, somos piedra de tropiezo para otros.

  • El testimonio de Simeón:

Finalmente debemos reconocer en él a un hombre que se dejaba guiar por el Espíritu Santo, Lucas nos deja claro que este hombre se dejaba conducir por el Espíritu. El Espíritu había prometido a Simeón no morir hasta no haber visto al Salvador del mundo. Y cuando aquella joven pareja llegó al templo, Simeón fue iluminado por el Espíritu Santo y le hizo saber que aquel pequeño e indefenso niño era el Salvador.

La tercera enseñanza es ¿qué tanto me dejo conducir por la guía del Espíritu Santo? Ya que hay veces que no podemos entender los designios de Dios y nos desesperamos, nos enfadamos, le reclamamos a Dios. Debemos aprender a tener paciencia, a confiar en Dios, pero también a poner todo lo que está de nuestra parte para estar cerca de Dios.

About P. José Luis González Santoscoy

José Luis es Sacerdote de la Arquidiócesis de Guadalajara, México. Tiene mucho gusto por la lectura, el cine y es un apasionado de la magia. Comprometido con la evangelización a través de los medios de comunicación.

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