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Te prevengo de 3 vicios que destruyen a las familias y a las comunidades

Todos los seres humanos hemos sido creados para vivir en comunidad, nadie somos islas que podamos subsistir de manera aislada. Todos nos necesitamos, de una u otra forma. Además, todos estamos capacitados para ayudarnos mutuamente, todos tenemos dones, virtudes y cualidades que debemos poner siempre al servicio de los demás.

Pero sucede con frecuencia que el corazón del hombre se llena de egoísmo y le cuesta trabajo donarse en favor de los demás. Hoy escuchamos en el evangelio de Jn 17, 11-19 la segunda parte del que se conoce como la “oración sacerdotal” de Jesús en donde pide al Padre que nos cuide para que todos seamos uno.

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo velaba por ellos y ninguno de ellos se perdió, excepto el que tenía que perderse, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aún en el mundo, digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos. Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo.

No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también, al mundo. Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad”.

Vemos que Jesús, en esta parte de la oración sacerdotal, dirigiéndose al Padre que está por glorificarlo con una inminente muerte y resurrección, está por confiarle definitivamente la comunidad de los discípulos.

La Iglesia de Jesús debe ser una, debe estar íntimamente ligada a Dios y a los hermanos mediante la vivencia del amor. Desgraciadamente hay algunas situaciones y vicios que no nos permiten vivir en el amor. Hoy quiero prevenirte de 3 grandes vicios que empobrecen la vivencia del cristiano, que laceran fuertemente a la Iglesia, la familia o cualquier comunidad.

El egoísmo que carcome el corazón:

Cuando una persona solo tiene ojos para sí mismo y no es capaz de ver y reconocer las necesidades de sus hermanos, entrará siempre en un fuerte egoísmo. Creyendo y pensando que sólo él existe en el mundo o que sólo sus necesidades son reales. Cuánto se da ahora el egoísmo por la falta de valores y de solidaridad.

Qué hermoso es cuando vemos a una familia unida y entregada; o un matrimonio que se lleva espectacular porque cada uno ve por los intereses del otro; o que a gusto se siente estar en una comunidad donde todos comparten lo que son y lo que tienen. Sí, esto es posible, únicamente si logramos desterrar el egoísmo y la envidia de nuestro corazón.

Las críticas mordaces que matan al hermano:

Somos muy dados sólo a reconocer nuestros éxitos o sólo a apoyar nuestras ideas. Cuando no hemos logrado desterrar el egoísmo y la soberbia del corazón, no tendremos ojos para mirar las virtudes de los demás y reconocer sus logros. Esto nos llevará a una crítica continua, la cual lacera fatalmente a una comunidad.

Lo peor de todo es que en ocasiones nos presentamos con cara linda de corderitos inofensivos, cuando en el interior traemos la furia de un lobo rapaz que intenta matar y destruir al otro; y luego, hasta lo enmascaramos diciendo que es una crítica constructiva. Así que si quieres que tu comunidad progrese, destierra en lo absoluto toda crítica.

Los chismes que dividen y causan rencillas:

Dice la Escritura que la boca habla de lo que está lleno el corazón. Es cierto, muchas veces cuando no llevamos en el corazón nada bueno por compartir, nos vamos a conformar con hablar de los demás, y claro, alguien me dirá: “Padre, pero si el chisme es buenísimo”, sí claro, pero lastima a los demás porque divide las comunidades.

En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, escuchamos que Pablo les recuerda que debemos trabajar en favor de los necesitados. Incluso, les recuerda ahí las palabras del mismo Jesús: “hay más alegría en dar que en recibir”. Así que dejémonos de chisme y en lugar de hablar de otros, mejor pongámonos a servir a los demás

Que la Virgen María, nos ayude a todos a ser cristianos auténticos que vivamos al servicio de nuestros hermanos.

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