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¿Te han cometido una injusticia? pero ¿qué tan justo eres tú? Descubre cómo saberlo

Somos buenísimos para señalar al que se equivoca, para apuntar al que la riega, pero somos más buenos todavía, para zafarnos de nuestros compromisos y obligaciones cuando no queremos realizarlos. Cuando no hacemos lo que nos toca estamos faltando a la justicia, una virtud muy necesaria y que es la base, o el inicio, para construir nuestra vida de santidad.

Muchas veces pensamos que como seres religiosos debemos estar al margen de todo lo demás como la política, la sociedad, la tecnología, etc. Y no es así, somos parte de una sociedad y también debemos implicarnos en todo para poner nuestras capacidades al servicio de los demás. La reflexión la quiero realizar del Evangelio de Mc 12, 13-17:

En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos le enviaron a Jesús unos fariseos y unos partidarios de Herodes, para hacerle una pregunta capciosa. Se acercaron, pues, a él y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa lo que diga la gente, porque no tratas de adular a los hombres, sino que enseñas con toda verdad el camino de Dios. ¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César? ¿Se lo damos o no se lo damos?”.

Jesús, notando su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me ponen una trampa? Tráiganme una moneda para que yo la vea”. Se la trajeron y él les preguntó: “¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?” Le contestaron: “Del César”. Entonces les respondió Jesús: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Y los dejó admirados.

La eterna tentación del cristiano es pensar que lo humano va separado de lo espiritual, o bien, que la vida del cristiano se reduce a la vida espiritual, una vida encerrada o que se tiene que vivir en lo escondidito. Pero esto no es así, ya que el Evangelio que transforma la vida de las personas, las transforma en su integridad, en su totalidad, abarcando todas las áreas y las dimensiones de la persona.

Escuchamos en el Evangelio que Jesús dijo: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. En esta respuesta que Jesús dio no vemos una respuesta en donde se contraponga a ambos, al César y a Dios, lo temporal a lo espiritual, lo político a lo religioso, la autoridad civil al reino de Dios. Al contrario, presenta la obediencia civil como un deber del ciudadano, por ello asiente al pago del impuesto.

Pero vayamos un poco más a fondo en nuestra reflexión, ya que no me quiero quedar en algo superficial, sino que quiero llegar a la profundidad de lo que implica esta frase. Aquí lo que se trata en cuestión es de la justicia. Desgraciadamente no entendemos con exactitud lo que significa.

¿Qué es la justicia? Es la virtud que hace que el hombre dé a Dios y a cada persona, lo que le pertenece y le es debido. Todos queremos que nos respeten lo nuestro y nos indignamos cuando alguien no nos respeta nuestras cosas, nuestra fama o nuestros derechos; nos molestamos por que no son justos con nosotros, pero ¿qué tan justos somos nosotros con los demás?

Muchas veces pensamos que siendo justos estamos haciendo muchísimo, y en realidad, no es tanto, sólo hacemos lo que nos toca, ya que recordemos que hay una diferencia abismal entre caridad y justicia. Caridad es ayudar y darnos a los otros por amor, sin que el otro tenga el derecho a lo que le doy. En cambio, la justicia no es un regalo, sino que es un derecho de la otra persona. El ideal de los católicos es ser santos viviendo en la caridad, desbordándonos por amor a nuestros hermanos, pero para esto, debemos comenzar por ser justos.

  • Debemos ser justos con Dios:

Reconocer que es nuestro Señor, que Él nos hizo, que tiene derecho total sobre nosotros por el hecho de ser nuestro Creador y a Él nos debemos. Respecto de Dios en justicia debemos vivir como si tú mismo y todas tus cosas no te pertenecieran, ya que todo es de Él. Un ejemplo de cómo podríamos ser justo para con Dios sería dedicarle su tiempo a la oración.

  • Debemos ser justos con los demás:

Es darle a cada persona como a tu esposo, a tus hijos, a tu jefe, a tus empleados, a tus compañeros y a tus amigos; lo que les toca verdaderamente, lo que les pertenece, a lo que tienen derecho. A tu esposa le debes fidelidad, amor, compromiso, tiempo, dedicación; a tus hijos, les debes amor, paciencia y buena educación. ¿Somos justos con todos los que nos rodean? O ¿Habrá cosas que deberíamos entregar y nos las hemos reservado?

Ser justo con los demás también implica, por ejemplo: no dañar a nadie con las mentiras y la difamación, no acusar falsamente a nadie, regresar las cosas perdidas, no cobrar de más, no pagar de menos, etc.

Pidámosle al Señor nos regale un corazón generoso para poder empezar a ser justos y llegar a ser caritativos, el principio de la santidad está aquí en la justicia, ya que, si esto no está presente, la caridad será un sueño irrealizable.

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