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Recuerda que Dios tiene la última palabra, no te desesperes por el mal o la persecución

Es muy fácil que nos desesperemos cuando las cosas no van muy bien que digamos o que, ante los problemas, las injusticias y los fracasos, pensemos que hemos sido abandonados por Dios. Nunca debemos perder la esperanza, ya que es un pilar fundamental para poder llegar a la felicidad, a la plenitud y a la santidad de vida.

Para la reflexión de este día, quiero centrarme únicamente en algunas frases del evangelio de Mt 16, 13-23. Con ellas considero que podemos volver a construir nuestra vida desde el encuentro con Dios.

El contexto de este evangelio se sitúa en la pregunta que Jesús les hace a sus discípulos de quién dice la gente que es él, luego les preguntó ¿Y, ustedes quién dicen que soy yo? Sabemos que la respuesta maravillosa que Pedro dio fue: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

En la primera frase en la que me quiero centrar viene después de esa gran confesión fe, ya que Jesús les promete lo siguiente: “los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella”. Aquí, el Señor lo primero que les está advirtiendo es que vendrán pruebas y dificultades, persecuciones y adversidades; pero les asegura que la última palabra no la tendrá el mal, sino el bien.

Esto es algo que se nos olvida con mucha frecuencia y nos hace entrar en pánico, desesperación y nos olvidamos de esa presencia de Dios en nuestras vidas. Dios es todopoderoso y se preocupa por su Iglesia, no la abandona nunca, no la desprotege jamás y no la deja sin amparo. No podemos desconfiar de la presencia de Dios en los momentos de la prueba o la persecución. Además, recordar que Dios está presente en su Iglesia es recordar que está presente en cada uno de nosotros, pues todos los bautizados formamos parte de la Iglesia.

Después de esto, Jesús les anunció a sus discípulos que iba a sufrir mucho y es cuando Pedro trató de disuadirlo y se ganó una fuerte reprimenda de Jesús: “Apártate de mí Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres”.

Esto nos enseña que cuando no queremos realizar el plan de Dios, cuando queremos apartarnos de lo que él nos invita a vivir, somos piedra de tropiezo para otros. Y cuántas veces hemos querido sustraernos de lo que Dios quiere para nosotros, o bien, hemos alejado a otros de lo que Dios quiere para ellos y también los hacemos tropezar en el camino que Dios les tiene preparado.

Ligando estas dos ideas, la de la desesperación por los problemas que se presentan o las persecuciones que sufrimos, y la de no querer hacer la voluntad de Dios apartando, incluso, a otros del camino del bien; pudiera afirmar que una de las armas preferidas del demonio es atacarnos en nuestra esperanza, ya que ahí nos debilita y nos hace perder la fe en Dios.

Imagínate que nuestra vida de cristianos es una casa, en donde los dos principales cimientos son la fe y la esperanza, cuando el demonio logra derribarnos en alguna de las dos, estamos perdidos. Así que, no debemos desesperarnos en las pruebas, ya Jesús nos está advirtiendo que habrá dificultades y persecuciones, pero también nos está asegurando que las puertas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia, es decir, que el demonio no tendrá la batalla final.

Quiero invitarte a centrar nuevamente tu esperanza en Dios. Él no quiere nuestro mal, no nos abandona nunca, simplemente recuerda cómo termina el evangelio de Mateo: “sepan ustedes que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

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