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¿Qué tan limpia está tu vida? Te doy 3 criterios para que lo descubras…

Descubre qué te está manchado

¿Cuántas leyes hay que rigen tu vida y que no les encuentras sentidos? ¿Cuántas leyes absurdas que en lugar de beneficiar al hombre lo hacen esclavo y prisionero? Esto mismo sucedió en el tiempo de Jesús, donde muchos se preocupaban más por las cosas exteriores, que por las cosas interiores. Te sorprenderá muchísimo la respuesta que hoy nos da el mismo Jesús.

Quiero ofrecerte 3 filtros que debes siempre revisar para ver qué tanta limpieza hay en tu vida. Reflexionaremos en el Evangelio de Mt 15, 1-2.10-14:

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos escribas y unos fariseos venidos de Jerusalén y le preguntaron: “¿por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?”. Jesús llamó entonces a la gente y le dijo: “escuchen y traten de comprender. No es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre; lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre”.

Expliquemos un poco qué sucedía con el tema de la pureza en el tiempo de Jesús. Había muchas cosas y actividades que volvían impuras a las personas, es decir, que las imposibilitaban para ponerse delante de la presencia de Dios, por ejemplo: tocar a un leproso, comer con publicanos, comer sin lavarse las manos, tocar la sangre o el cadáver, entre otras muchas cosas. Todo esto volvía impuras a las personas y el contacto con estas personas hacía que se contaminaran otras cosas y a otras personas.

Por lo anterior, se debía de evitar el tratar con estas personas porque eran consideradas “impuras”. Esto hacía que la gente viviera todo el tiempo con miedo, apartada, no se vivía la caridad entre ellos, porque había muchas cosas impuras que amenazaban sus vidas.

Vivían así, ya que se tenía el pensamiento de que una persona impura no podía recibir la bendición prometida por Dios a Abrahán. ¿Qué pasaba con todo esto? Pues que este tipo de pureza legalista en las acciones, en lugar de hacer libres a las personas las hacía vivir en una prisión, ya que no era una fuente de paz ni tranquilidad.

Ya hemos escuchado esa fuerte frase de Jesús, que hasta parece absurda: “No es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre; lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre”. Jesús se está refiriendo a que todas estas acciones, que antes mencioné, referentes a la pureza legal no manchan al hombre.

Ya nos había dicho en otra parte del Evangelio qué es lo que sí mancha al hombre, lo que sale de la boca es lo que antes hay en su corazón: “Pues del corazón salen los malos pensamientos, las fornicaciones, los homicidios, las blasfemias. Éstas son las cosas que manchan al hombre: el comer con las manos sin lavar no mancha al hombre” (Mt 15, 1-20; Mc 7, 5-23).

Yo quisiera que hoy reflexionáramos qué cosas llevamos en nuestro corazón: ¿Amargura, odio, resentimiento, rencillas, hipocresía o frustración? Si todo esto llevas en tu interior, es lo mismo que reflejarás en tus actos y palabras. Tus modos de relacionarte estarán llenos de críticas, peleas, odios, juicios innecesarios a los demás, etc.

Por el contrario, si en tu corazón llevas amor, paz y tranquilidad. Es eso mismo lo que vas a reflejar y dar a los demás con toda tu vida, palabras y obras. Por eso hoy quiero preguntarte: ¿Cómo está tu corazón? No mancha lo que comemos, sino que nuestras palabras son las que manchan porque es lo que llevamos en el corazón.

Por eso, debemos siempre revisar cada una de las palabras que decimos y compartimos a los demás. Debemos revisarlas antes, a través de 3 filtros.

Se cuenta de un joven discípulo que se encontró con un gran filósofo y le dijo: Maestro, ¿sabes lo que un amigo tuyo estuvo diciendo de ti? ¡Espera!, lo interrumpió el filósofo, ¿ya pasaste por los 3 filtros lo que vas a contarme?

¿Por los tres filtros?, preguntó extrañado aquel joven. Sí, dijo el maestro. El primer filtro es la VERDAD. ¿Estás absolutamente seguro de lo que lo que quieres decirme es cierto? No, contestó el discípulo, en realidad lo oí comentar a unos vecinos. Al menos lo hiciste pasar por el segundo filtro, que es la BONDAD. ¿Eso que me vas a contar es bueno para mi? No, en realidad no, más bien, al contrario…

Al menos, espero que el último filtro lo hayas utilizado, que es la NECESIDAD. ¿Es realmente necesario hacerme saber lo que tanto te inquieta? A decir verdad, no, respondió el joven. Entonces, concluyó el sabio con una sonrisa, si lo que quieres decirme no es verdadero, ni bueno, ni necesario, ¿para qué quiero saberlo? Mejor dejémoslo en el olvido.

Busquemos siempre la limpieza interior, por supuesto que la exterior es importante, pero más necesaria es la interior, ya que de ahí es donde sale el bien o el mal. Pidámosle al Señor nos permita sanar todas las heridas de nuestro interior, ya que éstas son las que no nos dejan amar a los demás.

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