Charla DominicalReflexiones

Qué el Señor nos conceda un corazón limpio y puro

El domingo pasado hacíamos mención de la invitación que Jesús nos hacía a la conversión del corazón y el llamado a la unidad. Hoy, Jesús va más adelante, y nos hace una nueva invitación, a la felicidad. Y lo hace proponiéndonos el camino de las Bienaventuranzas.

Antes de pasar a reflexionar las lecturas de hoy, quisiera hacer una lectura de la situación de nuestro mundo y de nuestra sociedad. Si el mundo tuviera sus bienaventuranzas, es decir, un listado de cosas que dieran la felicidad, dirían así:

dichosos los ricos y acomodados, porque no pasarán necesidad; dichosos los poderosos de este mundo, porque podrán aplastar a cualquiera; dichosos los grandes, porque todos les rendirán cuentas y estarán a sus pies; dichosos los que darían rienda a sus pasiones, porque así serán plenos…

pero lo que no te dice el mundo es que todo esto te deja vacío y siempre con ganas de más.

El mismo Salmo 145 nos habla de cómo Dios prefiere y protege a los que son débiles para este mundo: los oprimidos, los hambrientos, los cautivos, los ciegos, los huérfanos, las viudas… los más necesitados.

Mientras que el mundo te exige más, Dios te exige menos. Dios sí tiene preferencia, son los débiles y más necesitados, los que no están llenos de sí mismos. El domingo pasado veíamos que un mal es la división, y ésta es causa del orgullo que reina en el corazón del hombre.

Dios siempre elige “lo necio” de este mundo, es decir, a las personas que la sociedad considera más despreciables. Por ello, vemos que las tres lecturas del día de hoy tienen el mismo hilo conductor: Dios elige a las personas humildes, pobres y sencillos. No quiere decir con esto que sean mejores los pobres que los ricos, lo que Dios quiere son corazones sencillos y humildes.

[spoiler title=”Leer reflexión completa”]

Por eso se nos proponen este domingo las bienaventuranzas de Jesús. Los nueve caminos incomprendidos por el mundo, pero camino cierto de santidad y felicidad. Yo solamente quiero meditar brevemente tres de ellas:

  1. La primera bienaventuranza va dirigida a los pobres y es la que marca la pauta a todas las demás. Se trata de los pobres de espíritu… los que voluntariamente eligen ser pobres. No quiere designar sólo la pobreza material, sino los que interiormente han hecho una opción por no poner su corazón en las riquezas.
  2. Bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia; exalta a los que tienen como valor primero la justicia, la fraternidad, el amor, el compartir… el dar su vida por el bien común.
  3. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Es la única bienaventuranza que nos promete ver a Dios. Esto va dirigido a los que tienen un corazón libre de trampas y de dobles intenciones; que llevan en su interior pureza de corazón con todos, un corazón transparente, sincero y no hipócrita.
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