Enciéndete

La Santidad es sólo un cuento

Hace unos meses me tocó participar en un retiro y me pidieron que compartiera el tema de la conversión. Al terminar mi charla, un joven se me acercó y lo primero que me dijo fue: “Hey Padre, para qué inventa, eso de la santidad es sólo un cuento”. Le pregunté el motivo de sus palabras y me contestó: “Porque yo he intentado cambiar y no puedo, no es cierto que podamos ser santos, repito, eso es sólo un cuento”.

A muchos de nosotros nos puede pasar lo mismo, que nos sintamos frustrados porque no podemos cambiar de vida, porque por más que intentamos, no podemos dejar atrás nuestros errores y, sobretodo, que no podemos liberarnos de un pecado. Lo que hoy quiero platicarte es que hay un encargado de hacernos santos, y ese es el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es el que tiene el poder para hacer que cada uno de nosotros vivamos la vida cristiana a plenitud, es decir, en santidad. La santidad es para todos y no solo para unos cuantos. En su última exhortación apostólica sobre la Santidad, el Papa Francisco nos dice que “el Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada y licuada”.

El problema de aquél joven era que luchaba sólo con sus propias fuerzas, no ponía su confianza en Dios y no le permitía al Espíritu Santo actuar en su vida. Cuando nosotros dejamos entrar en nuestra vida al Espíritu Santo, éste realiza cuatro obras muy importantes en nosotros:

  1. Nos ilumina: recuerda que el pecado nos ofusca y no deja actuar al entendimiento de una manera recta. El Espíritu Santo nos ilumina en las decisiones difíciles y valientes que debemos de tomar.
  2. Nos da valor para dar testimonio: no debemos aspirar a ser santos de aparador, es decir, admirados o reconocidos. La santidad se encuentra y se vive amando a todos como Dios nos ama: con fidelidad, pureza y generosidad.
  3. Nos ayuda a combatir el pecado: el punto de inicio para la santidad es la humildad, reconocer que necesitamos de la Gracia de Dios. El Espíritu Santo nos da fuerza para luchar contra nuestras propias inclinaciones.

Nos instruye en la Verdad: el pecado enmascara la realidad y nos aparta de la verdad de lo que somos y de los buscamos. El Espíritu Santo nos ayuda a aclarar ese corazón inquieto que va en busca de la Verdad, sabiendo que esa Verdad es Dios.

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