Hoy en el libro del Eclesiástico 48, se nos habla del profeta Elías, y dice que fue un profeta de fuego, su palabra quemaba como una llama. Por su parte en el Ev de Mt 17, 10-13 escuchamos el testimonio de Juan el Bautista.

¿Por qué el Eclesiástico habla de Elías como un profeta de fuego? Recordemos que el temperamento del profeta Elías era fuerte, enérgico. Tuvo la valentía de denunciar injusticias, siempre se mostró como defensor de la verdad, la proclamó ante los poderosos sin temer la reacción de los demás. Denunciaba con ímpetu los abusos de las autoridades, hizo bajar fuego sobre las ofrendas de Yahvé en su reto con los dioses falsos, fue un hombre sin doblez.

Por su parte, Juan el Bautista, fue el que habló de la justicia y la conversión, el que con su ejemplo y testimonio predicó el camino recto. También, al igual que Elías, denunció valientemente las situaciones de abuso del rey. Hoy vemos una similitud entre Elías y Juan el Bautista. Ambos fueron fieles a la misión encomendada, y ambos sufrieron a causa de su testimonio. Elías fue duramente perseguido y Juan el Bautista fue decapitado.

Navidad no es romanticismo, sino una apertura a la transformación verdadera del corazón. Celebraremos Navidad no por adornar nuestras casas muy bonitas, no por comprar los mejores regalos, no por escribir las cosas más bonitas a nuestros seres queridos… sino que únicamente celebraremos Navidad en la medida en que dejemos que la presencia de Jesús transforme nuestra vida, a tal grado de ser testimonio vivo en la Comunidad. Testimonio que al igual que Elías, sea una llama encendida. Y recordemos que la llama tiene dos características: ilumina y da calor.

Nuestro testimonio de verdad y coherencia debe iluminar a quienes nos rodean, debemos ser luz que ayude a otros a encontrar el camino. Pero también nuestro testimonio debe ser calor, así como el fuego transforma, también nuestro testimonio deberá servir para que otros se encuentren con Dios y se transformen. Te invito a que primero nos dejemos transformar por el fuego de la Palabra y de la Gracia de Dios. Debemos ser como Elías y Juan el Bautista, debemos ser voz que anuncia y testimonio que contagia.