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En mi 2do aniversario sacerdotal, te comparto 3 consejos que me han dado la plenitud en mi vida

Quiero compartirte la gran alegría que invade hoy mi corazón, pues hoy cumplo 2 años de haber sido ordenado Sacerdote, dos años de perdonar a diario los pecados en nombre de Cristo, dos años de traer todos los días a Cristo Eucaristía al mundo como alimento.

Las lecturas que nos propone la liturgia son muy providenciales hoy en mi aniversario sacerdotal, ya que la primera lectura nos habla de la gran necesidad que hay en el mundo de cristianos comprometidos con su ser de profetas por el bautismo, hombres y mujeres incansables que dejen su vida en la entrega diaria por dar a conocer a Jesucristo.

Hoy quiero que reflexionemos en la lectura de los Hechos de los Apóstoles 20, 17-27:

En aquellos días, hallándose Pablo en Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la comunidad cristiana de Éfeso. Cuando se presentaron, les dijo: “Bien saben cómo me he comportado entre ustedes, desde el primer día en que puse el pie en Asia: he servido al Señor con toda humildad, en medio de penas y tribulaciones, que han venido sobre mí por las asechanzas de los judíos. También saben que no he escatimado nada que fuera útil para anunciarles el Evangelio, para enseñarles públicamente y en las casas, y para exhortar con todo empeño a judíos y griegos a que se arrepientan delante de Dios y crean en nuestro Señor Jesucristo.

Ahora me dirijo a Jerusalén, encadenado en el espíritu, sin saber qué sucederá allá. Sólo sé que el Espíritu Santo en cada ciudad me anuncia que me aguardan cárceles y tribulaciones. Pero la vida, para mí, no vale nada. Lo que me importa es llegar al fin de mi carrera y cumplir el encargo que recibí del Señor Jesús: anunciar el Evangelio de la gracia de Dios.

Este trozo de la Palabra de Dios me llama mucho la atención porque denota el gran amor que Pablo le tenía a Cristo, a tal punto de estar dispuesto a pasar cualquier tormento o dificultad con tal de dar a conocer a Cristo. Es consciente de la misión que Cristo le está pidiendo y la realiza con amor, a pesar de las dificultades que le esperan.

El mismo Pablo nos comparte que no ha escatimado nada para anunciar el Evangelio. Es un cristiano puro, convencido, coherente y apasionado que nos invita a enamorarnos de Cristo para también darlo a conocer. En este tiempo como sacerdote me he encontrado a muchas personas que les resulta muy fácil ser cristiano en la Iglesia, pero les aterra ser cristiano afuera de la Iglesia, les cuesta el testimonio, les aterra hablar de Dios, le llena de temor que otros los vayan a tachar o señalar.

Mi conclusión personal al respecto es que hace falta conocer y experimentar ese amor del Señor, porque la boca únicamente habla de lo que está lleno el corazón. Cuando sólo hablamos de nuestros éxitos, de nuestros logros y de nuestras metas, lo más seguro es que nuestro corazón reboce de ego y de soberbia. Pero cuando nuestra boca habla de Cristo y de su amor, nuestro corazón reboza Cristo. Hoy te pregunto ¿De qué hablas todo el tiempo? ¿De moda, de mundo, de ambiciones, de éxitos efímeros, de dinero, etc.? O bien ¿Hablas del amor de Dios, de la caridad, del apostolado?

Te doy tres consejos que te ayudarán a dar testimonio de tu fe:

Ora constantemente:
Necesitamos ponernos delante de Dios todos los días. Hasta que no hagamos todos los días oración, no podremos llenar nuestro corazón de paz y de tranquilidad. Además, la oración nos fortalece para que, en la prueba y la tribulación, podamos ser fieles y no desistamos.

Fórmate para que conozcas a Dios:
Me da mucha tristeza decir que hay muchos católicos ignorantes de su fe, se quedan sólo con la formación que recibieron en su catequesis para los primeros sacramentos, debemos preocuparnos por nuestra formación, por alimentarnos constantemente de las cosas del espíritu.

Ten un apostolado concreto y que te apasione:
Como dijo una vez Francisco de Asís, “Predica el Evangelio todo el tiempo y cuando sea necesario, usa las palabras”. Debemos compartir todo lo que de Dios hemos recibido.

Además, hoy el Evangelio a mí en lo personal me alegra muchísimo, ya que escuchamos la oración sacerdotal de Jesús, en la cual le agradece al Padre el don de aquellos que han sido llamados. Ora por cada uno de nosotros, hoy escuchamos que dice: “Te pido por ellos, no te pido por el mundo, sino por éstos, que tú me diste, porque son tuyos”.

Estas palabras de Jesús me motivan mucho y me llenan de compromiso, pues en ellas recuerdo que no soy del mundo, sino que soy fruto del amor del Padre, Él me ha llamado para servir y entregarme totalmente a los demás. Les pido que me encomienden mucho en sus oraciones.

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