Este documento ha sido emitido por la Sagrada Congregación para la Educación Católica el 11 de Abril de 1974. Surge como respuesta a la inquietud del Santo Padre de que existan lineamientos concretos para la formación acerca del celibato en los seminarios de todo el mundo, ya que en la actualidad se presenta una imperante necesidad de formar a los futuros sacerdotes en las áreas humana, cristiana y sacerdotal.

El documento está dividido en cuatro secciones. La primera está enfocada al significado del celibato en la vida sacerdotal de hoy, en donde se expone la naturaleza del celibato sacerdotal y su valoración positiva, así como también se plantean la dificultades a las que se enfrenta hoy en día; en la segunda parte se ven las metas de la educación de los seminarios, en donde se pretende dar luces del cómo se debe formar en este rubro, exponiendo los procesos de maduración por los que pasa el seminarista y cómo deben ser afrontados los problemas concernientes; la tercera parte se refiere a las orientaciones para la formación seminarística, dentro de las cuales resalto los criterios de acción que deben tener los educadores y el cómo deben ser los ambientes de formación para favorecer el crecimiento de los formandos; finalmente, la última parte está dedicada a la función educativa del seminario.

Para que haya un fiel cumplimiento del celibato sacerdotal es de suma importancia que en el tiempo de la formación sacerdotal existan los ambientes propicios para que se pueda llevar una vida auténticamente cristiana y que ésta madure de tal forma que existan los presupuestos humanos y cristianos para poder llevar una vida sacerdotal fructuosa. Todo esto es lo que trata el documento con detenimiento.

El celibato por el reino de los cielos no puede ir aislado, sino que generalmente va unido a las virtudes evangélicas de pobreza y obediencia. Éste mira a que el corazón del sacerdote se encuentre indiviso y se una en totalidad a Dios para servirlo libremente en todos los hombres. Nunca se debe perder de vista que el celibato no puede cumplirse dejando de lado la gracia, ya que ella es el sustento que le da plenitud y fortaleza.

Considero muy importante este documento puesto que en la actualidad la sociedad hedonista y permisiva ataca esta realidad escatológica que da plenitud de vida a quien lo lleva a cabo, y los seminaristas estamos inmersos en dicha sociedad que nos arrastra. Por ello debemos ser conscientes de las herramientas con las que contamos en el seminario para formar convicciones que nos defiendan una vez que salgamos de las estructuras del seminario que por sí solas nos defienden. Nunca debemos ver el celibato como una carga, sino como una gracia liberadora.

Debemos luchar y esforzarnos por aprovechar todas las herramientas que nos ayudan a alcanzar la suficiente madurez humana y afectiva, logrando tener una personalidad perfectamente bien integrada, la cual ayudará a tener un equilibrio entre la fuerza racional y la impulsiva. El documento anima a realizar esfuerzos para que los seminaristas obtengan una suficiente madurez sexual. He visto personalmente que en nuestro seminario existen ciertos tabúes en algunos temas indispensables a tratar para que los seminaristas crezcan en una madurez sexual y  puedan llegar a tener un nivel psicológicamente adulto.

Me llama la atención que el documento dice que el autocontrol significa autodisciplina, por tanto, debemos preocuparnos por ser más disciplinados en nuestro actuar diario sin llegar a extrapolarnos puesto que la inadaptación trae como consecuencia la conocida ley de la compensación. En el seminario falta mucho forjar una disciplina personal.

El celibato se va conquistando en el día a día y se va perfeccionando continuamente, por ello debemos luchar diariamente por plenificar ese don inmerecido que el Señor otorga, lo cual conlleva un espíritu de sacrificio en la práctica diaria del celibato. No debe de verse como una conquista personal sino como el resultado de esfuerzos ayudados de la gracia y con fines pastorales por el bien de la Iglesia.

Considero muy importante las directrices concretas para el educador, donde dice que la educación para la castidad debe ser: sincera, positiva, compleja, orgánica y personalizada. Aunque personalmente he tenido un buen acercamiento con mis formadores, veo que en muchos existe una barrera entre seminaristas y formadores, lo cual no favorece, según el documento, a una sana educación para la castidad. Como ayudas a realizar para superar las dificultades del celibato resalto las siguientes: el equilibrio humano, el incremento de la vida interior mediante al oración, la abnegación y la caridad al prójimo, la fraternidad y confiar en la ayuda de la comunidad eclesial.

Con la práctica del celibato no renunciamos solamente al amor de una mujer o a la función generativa, sino que con el testimonio de entrega y servicio en el amor, se está llamado a dar testimonio en el mundo y con ello dar vida en las comunidades, ya que como se dice en Sacerdotales Celibatus en el número 13: la perfecta castidad la vive el sacerdote “no por desprecio al don de la vida, sino por un amor superior a la vida nueva nacida del misterio pascual”.

Concluyo este reporte de lectura con algo que me llama mucho la atención, y es que percibo como una línea constante o un hilo conductor de todo el documento que la práctica de la castidad y del celibato sacerdotal va siempre de la mano de la práctica de la virtud de la caridad, ya que el celibato conlleva una renuncia personal con miras a una donación total de la persona y sólo así se podrá vivir a plenitud el celibato.