Enciéndete

El arma más poderosa del demonio

Hace unas semanas, llegó una señora desesperada y angustiada por la situación que se vivía en su familia. Sus problemas la habían llevado a ahogarse en un vaso de agua, por más que trataba de mostrarle caminos para que saliera de sus problemas, ella no quería entender ni lograba ver alguna solución posible. Por lo que le conté la siguiente historia:

Se cuenta que un día el diablo puso una venta de cochera. Entre las cosas que expuso para que la gente escogiera, se encontraban la envidia, el odio, el resentimiento, el orgullo y los celos. Una persona que estaba viendo lo que ofrecía, se dio cuenta de que en la parte de atrás, había una cosa que parecían estar escondida. Esta persona se acercó a diablo para preguntarle si también la vendía y el diablo le contestó: “no mi amigo, esa no la vendo por nada, porque es mi herramienta favorita con la que yo trabajo”. Intrigado aquel hombre le preguntó cuál era y el diablo le contestó: “el desánimo”.

Enseguida le preguntó que por qué era su favorita y el diablo le respondió: “porque es con la que más fácilmente destruyo a los hombres, ya que con ella puedo meterme muy fácil en el corazón de una persona y amargarle su presente, romperle las ilusiones de su futuro y hacerlos vivir esclavos del pasado”.

Esta historia nos enseña lo peligro que es el desánimo. El demonio lo utiliza cada vez que nos quiere apartar del plan de Dios y quiere dañar la obra que Dios quiere realizar en nosotros. Algunas de las situaciones que nos pueden llevar al desánimo son: cargas excesivas en la vida, alguna derrota o fracaso, los miedos, cuando alguien nos decepciona o nos hiere, cuando nos critican o calumnian y el mismo pecado.

Estoy seguro que todos nos hemos desanimado en más de una ocasión, pero debemos aprender a salir de ahí para no ser vencidos por el demonio, ya que el desanimo nos paraliza, nos enferma, mata las ilusiones y nos debilita en la fe. Por ello, lo primero que debemos hacer para salir de ahí es poner toda nuestra confianza en Dios, recordando aquella frase de San Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Flp 4, 13).

Luego, deja de buscar un por qué de las cosas que sucedieron y trata de encontrar el para qué, es decir, busca el propósito que Dios tiene para ti, descubre qué es lo que Dios quiere que aprendas con ello, o bien, cuál es la oportunidad que se te está presentado para ser mejor. Así que a desechar el desánimo de nuestro corazón y confiar en el Señor. Recuerda siempre estas palabras: “¡Alégrense siempre en el Señor!” (Flp 4, 4).

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