El Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, emite esta instrucción el 22 de febrero de 1987. Dicha instrucción habla sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación. En el documento se tratan aspectos concernientes a la investigación biomédica, a los avances científicos al servicio de los hombres y los criterios fundamentales para realizar un recto juicio moral. Se trata el tema referente a los embriones humanos, a los diferentes tipos de fecundación que existen, y de la relación que debe haber entre moral y la ley civil.

El documento aclara los principios fundamentales de la moral, ya que ha habidos muchos avances científicos que han facilitado, pero otros que han traído consecuencias para la vida humana. Algunas técnicas, malamente, han dado al hombre el dominio sobre la vida y han transgredido los límites de la naturaleza. El hombre nunca debe dejar de lado el misterio de Dios en su vida, el cual lo debe llevar a reconocer y defender la vida humana. De tal forma, la investigación será siempre un reflejo del señorío del hombre sobre la creación, poder que ha sido dado por Dios. Me llamó mucho una frase textual de la instrucción: “la ciencia sin la conciencia no conduce sino a la ruina del hombre”.

El documento da ciertos criterios morales, la naturaleza del hombre tiene una doble dimensión que hay que tener siempre presente: la corporal y la espiritual. De tal forma, la ley moral natural dicta los derechos y deberes de la persona humana. Por ello es importante que nadie trate de decidir el origen o el fin de un hombre, éstos sólo se encuentran en Dios mismo. Es por ello que los medios artificiales para la vida deben ser valorados moralmente por la dignidad de las personas, y no como simples objetos por los que uno puede decidir.

Desde el momento de la concepción hay vida y desde ese momento no se pueden violar los derechos de las personas, por tanto, lo que es técnicamente posible no es moralmente admisible si no cumple con los valores del amor y la vida. La transmisión de la vida debe realizarse mediante los actos específicos y exclusivo de los esposos de acuerdo con las leyes inscritas en su interior, y siempre respetando los fines del matrimonio, la unión y la procreación.

Por la investigación para la producción artificial de la vida se utilizan indebidamente embriones humanos, lo cual estará violando sus derechos. Desde la formación del cigoto ya hay información genética, hay que respetar la vida en todo momento, porque desde la formación del cigoto ya hay vida, tanto corporal como espiritual.

Los diagnósticos prenatales son moralmente buenos, siempre y cuando dichos métodos salvaguarden la integridad del embrión y de su madre; pero se opone cuando se puede dar pie a algún aborto por el resultado de alguna malformación. Por tanto, son lícitas las intervenciones de los embriones siempre y cuando se asegure su salud y no los ponga en ningún tipo de riesgo. Nunca se podrá hacer una investigación sin la autorización libre de los padres, y los embriones deben ser siempre tratados como personas humanas.

Si la investigación afecta el embrión o el feto se está dañando su moralidad es negativa. Por ende, la utilización de embriones humanos para la fertilización in vitro es moralmente mala. Con respecto a los fetos muertos, toda venta de ellos es ilegal. De igual manera es inmoral producir embriones humanos para que sean utilizados como material biológico disponible. Con la fertilización in vitro no se utilizan muchos embriones y éstos son destruidos, lo cual es gravemente inmoral.

Existen otras técnicas para la generación de la vida sin la unión del hombre y la mujer, y sin que éstos tengan conexión alguna con la sexualidad, como es la fusión gemelar o la partenogénesis, las cuales atentan contra la dignidad del embrión. Igualmente la crio conservación es inmoral porque priva de la gestación materna y están al margen de manipulaciones genéticas.

La fecundación artificial heteróloga es contraria al matrimonio porque se utiliza la muestra donada por un voluntario, es falta grave contra la unidad del matrimonio y moralmente ilícita. Debemos recordar que no se puede romper ni lesionar el significado del matrimonio con sus dos propiedades de unión y procreación. Por su parte, la fecundación artificial homóloga también es ilícita debido al rompimiento que produce con alguno de los dos significados, unión o procreación. Nunca se pierda de vista que toda persona humana debe ser el fin de una unión esponsal. De tal forma, sólo una procreación que sea fruto de los dos significados del matrimonio será conforme a la dignidad de la persona.

En cuanto a la fecundación artificial in vitro homóloga es ilícita porque la norma moral establece que no se puede concebir a nadie fuera de las relaciones sexuales dentro del matrimonio. La inseminación artificial homóloga igualmente es ilícita, ya que en el matrimonio no se puede admitir nada que sustituya al acto conyugal, ya que éste es un acto personal en donde hay donación total del amor y la persona.

Hay que tener en cuenta de que el acto médico no sólo debe salvaguardar la salud del paciente, sino que se respeten los valores propios de la sexualidad, por lo tanto, el acto médico deberá estar siempre al servicio de la unión conyugal. En el caso de que haya infertilidad permanente en uno de los cónyuges se debe tener claro que el matrimonio no comporta la obligación de dar hijos, sino que el hijo siempre debe ser considerado como don de Dios, en su caso tienen la alternativa de la adopción.

Finalmente, la instrucción hace una valiente llamada a los legisladores para que vigilen todas las técnicas y que no se salgan de control. Ellos están llamados a fomentar el respeto a la vida y a la dignidad de las personas, además de cuidar que no se violenten las conciencias de las personas. Igualmente deben velar por cuidar los derechos de la familia y del matrimonio. En conclusión, todos debemos esforzarnos por cuidar y respetar el don tan preciado de la vida y de promover la dignidad de toda persona humana, la cual inicia desde el momento de la concepción.