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Dios se le apareció para confortarlo en la prueba ¿Qué hacer para que se nos aparezca también?

Uno de los más grandes problemas del cristiano es querer ser políticamente correcto, es decir, hablar de lo que la gente quiere escuchar y hacer lo que la gente quiere ver. Todo esto con el único fin de tener buena estima y aprobación de parte de los demás. Esto lleva a no vivir un auténtico cristianismo, donde el anuncio del amor y del Reino de Dios, implica necesariamente la denuncia del mal.

Escuchamos hoy cómo Pablo es animado y reconfortado por Dios para que no tenga miedo a hablar con la verdad. Escuchemos los Hechos de los Apóstoles 18, 9-18:

En aquellos días, Pablo tuvo una visión nocturna en Corinto, en la que le dijo el Señor: “No tengas miedo. Habla y no calles, porque yo estoy contigo y nadie pondrá la mano sobre ti para perjudicarte. Muchos de esta ciudad pertenecen a mi pueblo”. Por eso Pablo se quedó allí un año y medio, explicándoles la palabra de Dios. Pero cuando Galión era procónsul de Acaya, los judíos, de común acuerdo, se abalanzaron contra Pablo y lo llevaron hasta el tribunal, donde dijeron:

“Este hombre trata de convencer a la gente de que den a Dios un culto contrario a la Ley”. Iba Pablo a tomar la palabra para responder, cuando Galión dijo a los judíos: “Si se tratara de un crimen o de un delito grave, yo los escucharía, como es razón; pero si la disputa es acerca de palabras o de nombres o de su ley, arréglense ustedes”.

Y los echó del tribunal. Entonces se apoderaron de Sostenes, jefe de la sinagoga, y lo golpearon delante del tribunal, sin que Galión se preocupara en lo más mínimo. Pablo se quedó en Corinto todavía algún tiempo. Después se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria, con Priscila y Aquila. En Céncreas se rapó la cabeza para cumplir una promesa que había hecho.

En este texto de los Hechos, descubrimos que Dios nunca nos abandona, menos cuando el discípulo es un fiel seguidor del Señor. Sabemos muy bien que el largo y pesado trabajo apostólico de Pablo fue extraordinariamente fecundo, aunque no dejó de pasar muchas pruebas y sin haber sido sometido a diferentes y variadas persecuciones.

El éxito de la misión no se encuentra en agradar a todos, en ser bien visto por todos, en se aplaudido o admirado; sino que, el éxito de la misión es lograr que crezca el Reino de Dios, y como éste llega a derribar estructuras caducas y a pisar diferentes callos, implica la persecución.

A lo largo de estos días hemos venido viendo los diferentes tormentos que sufrió Pablo, aun así, no desiste de la misión que Jesús le encomendó. Pero hoy, podemos reconocer un gesto amoroso de la Providencia, quien reconforta a Pablo y le asegura su protección: “No tengas miedo. Habla y no calles, porque yo estoy contigo”.

Sabemos que se le acusaba de revolucionario y de que sus ideas eran un riesgo. Pero, llevado por los judíos ante el tribunal del procónsul Galión, éste se rehúsa a reconocer como válidas las repetidas acusaciones presentadas contra él y lo libera.

Creo que hoy en día muchos de nosotros debemos pedirle al Señor nos de esa misma seguridad de su presencia, “No temas, yo estoy contigo”. Yo creo que hoy en día hay otras persecuciones más difíciles de enfrentar. Por supuesto que sí hay una persecución violenta, lo vemos con tantos asesinatos a sacerdotes, mujeres, niños, etc.

Pero creo que más que las persecuciones exteriores, hoy sufrimos muchas persecuciones interiores, y son las que no nos dejan hablar y callamos. Algunas de estas persecuciones interiores pudieran ser los miedos, los temores, el cansancio, la rutina, la apatía, la indiferencia religiosa, el desánimo ante los fracasos experimentados, etc.

Debemos acercarnos al Señor, Pablo quedó reconfortado con esa visión nocturna del Señor, pero también debemos reconocer que Pablo estaba totalmente cercano a Dios. Su vida apostólica era un vivo reflejo de su amor por Cristo, de su íntima unión en la oración. Algunos quizá querrán las visiones y las consolaciones divinas, pero no están dispuesto a sacrificar su orgullo, su tiempo, etc.

Termino también citándote el inicio del Evangelio de hoy en Jn 16, 20:

Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría.

Si te encuentras pasando una dificultad o una prueba, no tengas miedo, Cristo es nuestro respaldo, nuestra fortaleza y nuestro seguro de felicidad. Acércate a Él, únete con Él y encontrarás sentido a lo que vives.

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