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¡Cuidado… la falsa tolerancia te hace cómplice! Aprende qué implica la tolerancia

Hace más o menos un mes salía la noticia en Guadalajara de que el Ayuntamiento había realizado una modificación al reglamento, en donde ya se permitiría tener relaciones sexuales en la vía pública. El anuncio de dicha modificación llevaba el siguiente slogan: “En Guadalajara el amor no se castiga”.

Me llamó mucha la atención dicha modificación, algunos me comentaron el hecho y me preguntaron mi opinión, pero nadie hizo nada al respecto. Hoy San Pablo nos exhorta duramente acerca de todas estas situaciones que parecieran no graves, no importantes o sin trascendencia, pero que, en realidad, tienen un trasfondo muy grave, nos van amoldando al mal.

San Pablo en 1Cor 5, 1-8 dice lo siguiente:

Queridos hermanos: Es voz común que hay entre ustedes un caso de inmoralidad tan grande, que ni entre los paganos existe, pues uno de ustedes vive con la mujer de su padre. Y todavía andan ustedes presumiendo, cuando más bien deberían estar de luto y haber arrojado de entre ustedes al que cometió semejante enormidad. […] Así que no está bien que anden presumiendo. ¿No saben que un poco de levadura hace fermentar toda la masa? Tiren la antigua levadura, para que sean una masa nueva, ya que son pan sin levadura, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado.

En esta carta, Pablo, toma ciertas posturas frente a algunos desórdenes y abusos que se dan en la comunidad, la cual era considerada como una comunidad amoral. Hoy se nos habla de una situación que estaba legalmente castigada, tanto por los judíos como por la ley romana, el incesto, pues se nos habla de alguien que mantenía relaciones con la mujer de su padre, es decir, con su madrastra.

La postura de Pablo, respecto de esta situación es muy clara, la rechaza por completo. Pero lo que hoy quiero que reflexionemos es que Pablo les echa en cara a la comunidad, que se encuentren tan tranquilos ante la situación, que toleren el escándalo y que no hagan nada por sacar del error a dichas personas.

Muchas veces pensamos que la tolerancia debe ser una virtud clave del cristiano, y efectivamente lo deberá ser, pero cuando entendemos y vivimos la tolerancia como una virtud moral. El problema se encuentra cuando entendemos la tolerancia como desentenderme de todo lo que piense, haga y viva el otro. Edmund Burker, político y escritor irlandés, decía: “hay un límite en que la tolerancia deja de ser virtud”.

No podemos equiparar la tolerancia con la falta de compromiso; no es lo mismo tolerancia que permisividad, donde tengo que consentir toda transgresión moral; no es lo mismo tolerancia que sumisión, donde se confunde el respeto a someterme a algo que rompe o transgrede los principios morales. Tengamos cuidado porque podemos pasar muy fácilmente de la tolerancia a la complicidad, casi sin darnos cuenta.

Cuántas cosas negativas, erróneas, lacerantes y destructivas pasan todos los días a nuestro alrededor y no hacemos nada, por la falsa concepción de tolerancia. Cuánto mal aceptamos e, incluso, al no hacer nada por cambiar la injusticia, en lugar de ser tolerantes estamos siendo cómplices del mal.

La comunidad siempre deberá sentirse corresponsable del bien de cada uno de sus miembros. No podemos ser ajenos al mal que se sufra o en el que se vean involucrados los demás. Pablo, duramente, dice: “todavía andan ustedes presumiendo, cuando más bien deberían estar de luto”, con esto está reprochando el aplaudir la acción inmoral de la otra persona.

Alguien pudiera pensar que es algo muy extremista o exagerado, pero no. Hoy en día podemos amoldarnos muy fácilmente al mal y a las prácticas inmorales. Cuando la regidora del Ayuntamiento de Guadalajara presentó la iniciativa que les comentaba, argumentaba que había muchos abusos de parte de los policías y que no se debía de estar mortificando innecesariamente a quienes por no tener dinero para un motel o por lo que ustedes quieran, se usara la vía pública, el vehículo o un parque.

Es un completo absurdo, por “beneficiar a estos pobrecitos”, se puede dañar la pureza de los niños que los vean. Y esta mentalidad se puede extender muy fácilmente a otros sectores. Por ejemplo, unos adolescentes que quedan embarazados, como pobrecitos no tienen trabajo y tiene que estudiar, no hay que mortificarlos innecesariamente, mejor que maten a su hijo abortándolo.

Me gusta que el mismo Pablo, utiliza la imagen del pan ácimo, el que no tiene levadura, para motivar a la comunidad a ser pan ácimo, es decir, sin levadura vieja de corrupción y de maldad, sino un pan con sinceridad y verdad.

Queridos amigos, hoy Pablo nos exhorta muy duramente y nos debería calar en nuestra conciencia sobre qué tanto estamos siendo coherentes con nuestra fe y sobre qué tanto nos hemos amoldado al mal.

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