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¿Cuántos falsos tesoros llevas en tu corazón y no te dan felicidad? Mira lo que hizo que este joven fuera capaz de dejar todo

Al inicio de esta semana un joven de mi comunidad con tan sólo 30 años recién cumplidos, dejó todo para seguir al Señor y entrar al Seminario. Tenía una vida muy prometedora, se graduó de Ingeniería de una de las mejores Universidades del país, tuvo varias novias, tenía un trabajo excelente que le hacía ir 3 veces al año a Europa por trabajo y diversión, ya tenía camioneta y se encontraba pagando su propia casa. Era un ejemplo para muchos y se topó con algo que no encontraba en el mundo y que le daba mucha más plenitud que todo lo que tenía, se topó con el amor de Cristo. Dejó todo y acaba de entrar al Seminario para ser sacerdote.

Esto me hace reflexionar en cuántos hay en la vida que tienen todo, a lo mejor no de más, pero aun así no son felices. Hoy el Evangelio nos propone dos bellas y sencillas parábolas que nos quieren hacer reflexionar sobre dónde está puesta la felicidad de nuestro corazón. El Evangelio es de Mt 13, 44-46:

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “el Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.

Esto nos pone a reflexionar mucho sobre qué es importante para mí en esta vida. ¿Qué merecería desprenderse de todo cuanto se tiene para conseguir otro bien? Hoy el Señor nos invita a descubrir ese único tesoro que nos da la felicidad. La verdadera riqueza es Dios, nadie más ni otra cosa en este mundo. ¿Acaso ya hemos encontrado ese tesoro valiosísimo que es la vida de Dios en nosotros?

Cuando encontramos ese tesoro, deberíamos de dejarlo todo por él, renunciar y desprendernos de todo para poder disfrutar de ese tesoro que se tiene. El vender todo nos habla de un esfuerzo que se tiene que hacer para conseguir algo mucho más valioso… como el amor de Cristo, el Reino de Dios, la fe, etc. ¿Qué tendrías que renunciar para poder obtener esto? Siempre queremos resultados fáciles, prácticos y mágicos… sin que nos cueste esfuerzo ni trabajo; pero así no funciona con Dios…

Para poder obtener ese tesoro en nuestro corazón debemos estar dispuestos a despojarnos de todo lo que nos aparta de Dios… de todos nuestros pecados, nuestras malas inclinaciones, nuestras pasiones desordenadas y nuestros vicios. Dios no puede habitar en un corazón que está lleno y ocupado de nosotros mismos y de los bienes de este mundo.

Quieres felicidad, estabilidad, plenitud, seguridad… pero sigues lleno de este mundo. Debemos renunciar y desprendernos para entonces llenarnos de lo que verdaderamente importa. Quiero citar al Papa Francisco al respecto:

El tesoro y la perla valen más que los otros bienes, y por lo tanto, el campesino y el comerciante, cuando lo encuentran, renuncian a todo lo demás para poder conseguirlo. No necesitan hacer razonamientos, pensar, reflexionar: se dan cuenta en seguida del valor incomparable de lo que han encontrado, y están dispuestos a perder todo para tenerlo.

Así es el Reino de Dios: quien lo encuentra no tiene dudas, siente que es lo que buscaba, que esperaba y que responde a sus aspiraciones más auténticas. Y realmente así: quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, se queda fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez. Buscar a Jesús, encontrar a Jesús. Este es el gran tesoro. (Homilía de S.S. Francisco, 27 de julio de 2014)

Y tú, ¿Ya encontraste ese tesoro en tu vida? Si todavía estás deslumbrado por las cosas de este mundo, quiere decir que no has encontrado el tesoro.

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