Charla DominicalReflexiones

¿Cuántas excusas le pones a Dios? Aprende a distingier entre lo urgente y lo importante

El Evangelio de este domingo quiere recordarnos que Dios quiere la salvación de todos los hombres. La salvación que Dios ofrece es universal, aunque haya muchos que no parezcan muy interesados en adquirirla.

Hoy escuchamos la parábola del banquete de boda, en el cual Dios quiere manifestarnos la constante invitación que nos hace a todos para acudir al banquete, a la fiesta de la salvación. Pero parece que muchos no aceptan la invitación, mostrándose más interesados en sus asuntos personales.

Hoy escuchamos que el Rey preparó un banquete y llamó a los invitados, pero éstos pusieron excusas para no asistir (Mt 22, 1-14):

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: “El Reino de los Cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados”.

Parece que todos ellos tenían algo urgente que hacer, algo que no podía esperar. Esto muchas veces se parece a nuestra actitud frente a la invitación que Dios nos hace a diario para encontrarse con nosotros. Ponemos miles de excusas simples y baratas para no acudir al encuentro festivo con Dios. A veces no sabemos distinguir entre lo importante con lo urgente.

Cosas urgentes siempre va haber… pero ¿Qué es lo importante? La salvación que nos trae Cristo, la cual nos da el acceso a la vida eterna, a la vida que no termina, a la vida verdadera.

Pongo algunos ejemplos de esto: Han llegado varias personas diciéndome… Padre no fui a Misa porque me llego visita, no fui a Misa porque tenía mucho trabajo pendiente. Con la vida de oración pasa lo mismo, pospongo el momento de encuentro con Dios porque tengo mil pendientes.

Este banquete al que nos invita Jesús es lo que nos da la felicidad y la plenitud. No dejemos de participar activamente, ya que cuando Dios es lo primero en nuestra vida, todo lo demás está ordenado.

Una vez que optamos por lo importante en lugar de lo urgente, ahora debemos preguntarnos ¿Cómo acudir al banquete? ¿Cuál traje llevó? ¿Con qué actitud me presento? Ya que vemos que al final de la parábola Jesús le reprocha a uno que acudió sin el traje de fiesta. Ese traje debe ser digno y se refiere  a ir con la dignidad necesaria para recibirlo. Este traje es la gracia de Dios que nos reviste. ¿Cómo te preparas para encontrarte con Dios?

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