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¿Cuándo fue la última vez que alguien te confundió con Jesús?

Las necesidades de los hermanos, muchas veces, nos pasan desapercibidas. Hablar de la Providencia de Dios es hablar de un Dios que se preocupa por cada uno de sus hijos. Pero nosotros, debemos aprender a ser instrumentos de la Providencia. Hoy quiero contarte la historia de Pablo, a quien lo confundieron con Jesús. también te podría pasar a ti.

Se cuenta de que Pablo debía de asistir a una de las reuniones más importantes de su vida. Todo había salido muy bien. No podía esperar para contarles a su esposa y a su jefe lo sucedido. Al salir de prisa del edificio de la oficina con el resto del equipo, notaron que un taxi se encontraba vacío.

Ansiosos por llegar al aeropuerto para tomar su vuelo de regreso a casa, corrieron hacia el automóvil para tomarlo, gritando para atraer la atención del chofer. Pero al cruzar la calle, sin querer, tumbaron un pequeño puesto de verduras y frutas. El resto del equipo parecía estar ajeno a lo que había pasado, hasta que Pablo se detuvo y decidió regresar.

Los otros ya estaban junto al taxi que los llevaría al aeropuerto. Le gritaron a Pablo “corre, vas a perder el vuelo”. Pablo, cruzando la calle para ir hacia el puesto que se había caído les contestó “váyanse, yo los alcanzo”. En ese momento, se dio cuenta de que a mujer que estaba detrás del puesto era ciega. Ella estaba parada allí llorando suavemente con lágrimas que rodaban por sus mejillas.

“No te preocupes, está bien”, le dijo Pablo arrodillándose para recoger las frutas y las verduras del suelo. Cientos de personas pasaban por ambas direcciones sin detenerse a ayudar. Simplemente caminaban apresuradamente hacía donde estaban yendo. Cuando la fruta y los vegetales estaban en la mesita, Pablo comenzó a organizarlos cuidadosamente, separando lo que se había estropeado. Entonces, se volvió hacia la mujer y le preguntó: “¿Está usted bien?”, ella asintió con la cabeza a través de sus lagrimas. Pablo tomó su cartera, sacó unos billetes y se los dio a la mujer, diciendo “Este dinero debe cubrir los daños”. Después, Pablo se alejó caminando.

“Señor”, lo llamó aquella mujer. Pablo se detuvo y dio la vuelta. Ella le preguntó “¿Es usted Jesús?”. Él le contestó, “Oh, no”. La mujer hizo un gesto y continuó “Sólo pregunté, porque cuando sucedió esto recé para que Jesús me ayudara cuando oí que mis frutas se habían caído”.

Pablo se dio la vuelta para irse, pero ahora sus ojos comenzaron a inundarse de lágrimas. Por largo tiempo dio vueltas buscando un taxi para irse al aeropuerto. Cuando, finalmente, encontró uno, como había mucho tráfico fue imposible llegar al aeropuerto a tiempo. Perdió su vuelo y, como era viernes por la noche, todos los otros vuelos estaban llenos.

Pablo pasó la noche en un hotel cerca del aeropuerto. Esto le dio tiempo para pensar y reflexionar. No pudo sacarse de la cabeza esta pregunta ¿Cuándo fue la última vez que alguien te confundió con Jesús?

Quiero que nosotros reflexionemos que nosotros podemos marcar la diferencia con todos nuestros hermanos, cuando dejamos que la providencia actúe a través de nosotros para con nuestros hermanos. Abramos nuestro corazón al amor de Jesús para que éste nos inflame de su amor y podamos amar a todos nuestros hermanos.

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