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¿Cansado de tomar malas decisiones o de que las cosas no te salen bien? Descubre dónde está el error

Cuando tomé la decisión de entrar al Seminario, ya hace 13 años, una alegría muy grande invadía mi corazón, pero también no lo puedo negar, había temor a no saber responder al llamado que Jesús me hacía. Recuerdo que, estando en la Capilla del Santísimo en mi Parroquia, una señora grande de edad, pero muy devota, sabiendo que iba a entrar al Seminario, se me acercó y me dijo al oído: “confía Pollito, Él te llamó por que te ama, nunca te sueltes de su mano”.

Comprendí en ese momento que, mientras yo no abandonara a Jesús en la oración, me sentiría confortado y estaría siempre dispuesto para responder a Dios en cada momento. Las buenas decisiones en la vida, sólo se toman a luz de la oración. Leamos el Evangelio de Lc 6, 12-19:

Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa, de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

El mejor ejemplo que tenemos para tomar buenas y sabias decisiones está en Jesús, quien antes de tomar decisiones importantes hacía largos e intensos momentos de oración. Muchas veces nosotros hemos puesto algún pretexto como: “no tengo tiempo”, “me aburre hacer oración”, “no consigo nada” o “Dios no me escucha”.

Todos los pretextos anteriores son un obstáculo que nosotros mismos nos ponemos para no encontrarnos con Dios. El tiempo, las ganas y el gusto lo debemos encontrar nosotros mismos. Tenemos que aprender a sacrificar algo de diversión, de esparcimiento, incluso como Jesús, algo de mi descanso, para poder hacer oración y encontrarme con Dios.

La elección de los doce apóstoles fue una de las decisiones más importantes de Jesús, la cual fue precedida por toda una noche de intensa oración. ¿Cómo y en base a qué tomamos decisiones en nuestra vida? Muchas veces las decisiones que tomamos son producto de la desesperación, de la vanidad, de la soberbia, de muchos arranques desmedidos, etc. Bernanos solía decir: “¡Cómo cambian mis ideas cuando las llevo a la oración!”.

Si nos atreviéramos a juzgar a los doce discípulos de una manera muy humana y superficial, pudiéramos pensar que Jesús tuvo muchas distracciones en su oración, la noche anterior, ya que no vemos a los mejores hombres, según las categorías del mundo. En la lista estaba ni más ni menos que el que lo traicionó.

Socialmente no tenían mucho respaldo que digamos, eran para el mundo unos sencillos e insignificantes pescadores. La mayoría de ellos no tenían mucha formación intelectual y, religiosamente hablando, también muchas carencias, vemos que se pelean por los puestos, y algunos hasta egoístas. Esto puede hacernos cuestionar si no había algo mejor en su tiempo, o si acaso escogió a lo menos peorcito del pueblo.

¿Verdaderamente la oración que Jesús hizo antes de esta elección sirvió? Por supuesto que sí, porque era la Voluntad de su Padre. Jesús los eligió para que estuvieran con Él, se dejaran transformar por su amor y se llenaran de su presencia.

Esto nos enseña que, siempre que oramos intensamente antes de nuestras decisiones, aprendemos a descubrir la Voluntad de Dios para elegir lo que él quiere y lo que mejor nos conviene, y que no sea nuestro egoísmo el que elija las cosas. Por supuesto que Jesús no eligió a Judas para la traición, fue Judas mismo quien no se dejó transformar por la presencia del Señor, pero esto no implica que Jesús haya hecho una mala elección o que no haya servido la oración que realizó.

Por tanto, la oración es la base para que podamos tomar buenas decisiones, es importante para que aprendamos a descubrir la Voluntad de Dios. No vayamos a la oración con máscaras, con actitud arrogante, sino con la seguridad de que sabes que quien te escucha es tu amigo y es Dios. No bases tus decisiones en impulsos egoístas, en acciones humanas, sino siempre en la oración.

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