Reflexiones

¿Aún no sabes por quién votar? Te doy unas pistas…

Hace unos días se me acercó una señora, muy angustiada por las elecciones ya en puerta, y me preguntó por quién iba a votar, ya que ella estaba decepcionada de cómo estaba su país y hasta le daban ganas de no participar en la votación. Le contesté: “Señora, no permita que el hartazgo y la decepción que siente, se conviertan en indiferencia y pesimismo, al contrario, que esto la motive para emitir su voto razonado, para implicarse en el cambio que usted misma está esperando”.

No podemos pensar que el cambio de nuestro país les toca sólo a los políticos, nos toca a todos y esto comienza saliendo a votar, no absteniéndonos de tal derecho y obligación. La desesperación de esta señora y la de muchos jóvenes, que me han preguntado lo mismo, me lleva a escribir estas líneas.

Hay que tener muy claro que no podemos exigir un cambio, cuando nosotros mismos no estamos dispuestos a involucrarnos en dicho cambio que queremos. Debemos comenzar por salir a votar, esto es lo primero, ya que en nuestro país los porcentajes de personas que no votan son altísimos, al menos, en las elecciones pasadas, fue de alrededor del 40%. San Juan Pablo II nos dice que: “los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación de la política”[1], esto es debido a que la política deberá mirar siempre por el bien común, y ahí todos quedamos implicados.

En las últimas semanas se ha hablado del famoso voto útil o voto de confianza, pero yo considero que hay tres criterios esenciales para emitir nuestro voto. El voto debe ser: ético, consciente e inteligente.

El voto debe ser ético

Es decir, que vaya concorde a los valores universales y también con nuestros valores cristianos. No podemos emitir un voto por alguien que va en contra de los principios universales. La Doctrina Social de la Iglesia nos habla de algunos principios que sirven como cimientos a todos los demás: la dignidad de la persona humana, el bien común, el destino universal de los bienes, el principio de subsidiaridad, la participación y el principio de la solidaridad.

Además, como creyentes, para que nuestro voto sea ético, debemos fijarnos en 5 principios no negociables[2] del Papa Benedicto XVI, y estos son: el respeto y la defensa de la vida humana, la defensa del matrimonio y la familia, el derecho de los padres a educar a sus hijos, la promoción del bien común en todas sus formas y la libertad religiosa[3].

No olvidemos que, trabajar a favor de la vida, es contribuir a la renovación de la sociedad, mediante la edificación del bien común, ya que no es posible construir el bien común sin reconocer y defender el derecho a la vida, sobre el que se fundamentan y desarrollan todos los demás derechos del ser humano, ya que trabajar por el bien común, no es otra cosa sino custodiar, promover y defender la dignidad de la persona humana.

Tengamos en cuenta de que no puede haber verdadera democracia, si no se reconoce la dignidad de cada persona y si no se respetan sus derechos. Así como tampoco puede haber verdadera paz, si no se defiende y se promueve la vida. Como decía Pablo VI: Todos delito contra la vida es un atentado contra la paz[4].

El voto debe ser consciente

Es decir, no podemos emitir nuestro voto partiendo de un estado de ánimo, desde el hartazgo o desde la frustración de ver cómo está nuestro país. Al decir que el voto debe ser consciente, también me refiero a que debe ser ejercido en libertad y de acuerdo a la verdad.

San Juan Pablo II decía que la auténtica libertad no existe sin la verdad[5] y “una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto”[6]. Por ello, no podemos emitir un voto sin que haya verdad, no podemos emitir un voto por el menos peor, sino que el voto deberá ser realizado en libertad y que ésta esté guiada por la verdad, ya que “en un mundo sin verdad, la libertad pierde su consistencia”[7].

El voto debe ser inteligente

Me refiero a que no podemos dar un voto de confianza con los ojos vendados, debemos dejarnos iluminar por la razón y por nuestra conciencia bien formada para tomar una sabia decisión. Por lo tanto, de entre la variedad de propuestas y candidatos, debemos elegir el mayor bien posible. Esto quiere decir que, si no hay alguna propuesta, un candidato o una plataforma política que cumpla al 100% con todo, en ese caso, la conciencia cristiana debe discernir cuál de las opciones puede generar un poco más de bien, tomando en cuenta la complejidad de las circunstancias.

Elegir el mayor bien posible[8], significa optar por la propuesta que más aporte en verdad a la paz, a la defensa de la vida, a la seguridad, al respeto de los derechos humanos, al desarrollo integral del hombre, etc. Esto no quiere decir que debamos de elegir el menos mal o con el que nos vaya menos peor, sino que es elegir, al que más favorezca el mayor bien posible.

[1] Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Christifideles laici, n. 42.

[2] Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis, n. 83.

[3] Cf. Benedicto XVI, Mensaje para la celebración de la XLVI Jornada Mundial de la paz, 2013.

[4] Pablo VI, Mensaje para la celebración de la X Jornada Mundial de la paz, 1977.

[5] Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptor Hominis, 12.

[6] Juan Pablo II, Carta Encíclica Centesimus Annus, 46.

[7] Idem.

[8] Cf. CEM, Participar para transformar. Mensaje de los Obispos mexicanos con motivo del proceso electoral 2018, 3.

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