Enciéndete

4 Elementos para prevenir una infidelidad

Las estadísticas recientes nos demuestran que las separaciones matrimoniales han aumentado en gran cantidad. Las causas son muchas y diversas, pero hoy quiero prevenirte de una de ellas, la cual hace que muchos matrimonios vivan lastimados, resentidos y terminen por separarse, me refiero a la infidelidad.

Para que un matrimonio pueda perseverar en el amor y la felicidad, necesita alimentarse y nutrirse de ciertos elementos “irrenunciables”, y les llamo así, porque puede haber o dejar de haber otras cosas en la relación, pero estos cuatros elementos son indispensables para un matrimonio sano, estable y feliz. Estos irrenunciables son: la presencia de Dios; una comunicación real, afectiva y efectiva; detalles que alimenten el amor; y un continuo crecimiento humano.

Me gusta mucho aquel pasaje cuando vemos que Pedro comienza a caminar sobre el agua para ir con Jesús, pero se empieza a hundir. Una vez en el agua, Pedro, sabiendo que tiene a Jesús frente a él, le pide que lo salve porque se está ahogando.

Lo interesante de este pasaje es que cuando Jesús lo toma de la mano y lo ayuda a salir del agua, no cambia la situación externa del mar, la dificultad seguía, pero él estaba tomado de la mano de Jesús. Debemos aprender a confiar en Dios en medio de la dificultad, ya que puede ser que lo externo del problema no cambie, pero la enseñanza es que Jesús quiere cambiar el interior, el corazón de los hombres, ya que ahí es donde se generan las más grandes batallas.

Cuando un matrimonio se preocupa más por lo exterior, pero olvidan o de plano no quieren trabajar lo interior, ambos caminarán con grandes vacíos por necesidades no satisfechas y entonces se buscará fuera del matrimonio satisfacer dichas necesidades.

Para que ninguno tenga que salir a buscar lo que deberían encontrar en su matrimonio, no olviden estos cuatro elementos para evitar la infidelidad. Primero, esfuércense por acrecentar su cercanía con Dios, orando juntos, confesándose con frecuencia y alimentándose con la Eucaristía. Segundo, favorezcan siempre la comunicación y el diálogo de una manera real y efectiva. Tercero, pregúntense a diario cómo voy a conquistar a mi cónyuge, qué le gusta o cómo puedo cautivarlo; el amor se debe alimentar en todo momento. Y cuarto, favorezcan un crecimiento humano que sirva como cimiento para crecer integralmente.

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