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4 Consejos para superar las tentaciones… mira lo que hacía este santo

Hoy celebramos la Memoria de San Juan María Vianney, mejor conocido como el Cura de Ars, quien es modelo de pastor de almas por su total entrega al Señor, dedicado fielmente a su ministerio como sacerdote.

Su vida nos recuerda que seguir a Cristo no es un camino fácil y sin dificultades, sino que se necesita tener claro, voluntad firme y ser constantes en luchar por lo que se quiere. Dios ha hecho de este hombre sencillo, un gran santo, incluso, es considerado por muchos como modelo de párroco.

Este hombre tenía una gran dificultad para el estudio, lo cual le llevó a sufrir toda clase de adversidades para poder llegar a ser ordenado sacerdote. Dios le había dado muchos dones y virtudes, pero la capacidad para aprender no era precisamente una de ellas. En su vida de seminario le costaba mucho trabajo aprobar los exámenes, tenía muchas y constantes trabas para avanzar, pero él nunca se desanimó ni se dio por vencido.

Pero una de las virtudes que debemos aprender del Santo Cura de Ars era de la una voluntad inquebrantable, ya que pese a todas las dificultades que experimentaba, no dejaba de poner todo su esfuerzo y dedicación. Finalmente, cuando lo ordenaron sacerdote, lo enviaron al pueblo que muchos despreciaban por considerarlo pequeño e insignificante, lleno de vicios y gente de mala vida, la comunidad de Ars en Francia.

El secreto del Santo Cura de Ars para llegar hacer todo lo que logró, fue hacer equipo con quien mejor se podía aliar, con Dios. Este hombre, pobre y sencillo, ponía su esfuerzo en la oración de todos los días, su fidelidad y su amor estaban puestos en Cristo, su entrega incansable y su ignorancia siempre tenían sentido; mientras que Dios ponía su inspiración, su gracia y sus milagros. ¿Cuál fue el resultado? La conversión de toda la comunidad y no sólo de eso, sino de toda la comarca vecina.

Con el tiempo, las multitudes acudieron a Ars a confesarse y escuchar Misa, fenómeno similar al ocurrido en el siglo XX con nuestro amado Padre Pio de Pietrelcina. El Cura de Ars y el Padre Pio comparten mucho, deben pasar abundante tiempo juntos en el cielo, unidos en la Comunión de los Santos. ¿Cómo es que este sacerdote pasó de ser un casi fracasado seminarista a transformarse en el modelo de Párroco universal?

Bueno pues Dios no quiso que él fuera un gran teólogo sino un hombre sencillo, pero de gran corazón. Los cuatro pilares fundamentales que ayudaron al Cura de Ars para vencer las tentaciones y poderse encontrar con Dios, fueron los siguientes:

  • La meditación constante de la Palabra de Dios y el anuncio incansable de ella.
  • El ministerio de la reconciliación (Sacramento de la Confesión)
  • La penitencia o sacrificio.
  • La oración personal.

Jesús nos quiere sencillos de corazón no arrogantes, humildes no altaneros, desprendidos no avaros. Jesús quiere que lo veamos y lo descubramos en los sencillos, ya que de ese modo es como nos podemos transformar en dóciles instrumentos de su obra.

No son las grandes obras las que hacen actuar al Espíritu Santo, ni las grandes interpretaciones teológicas las que convierten a las personas, sino únicamente comprender y vivir el Amor de Dios. Los simples actos de caridad, de perdón, de solidaridad y de sencillez son los que nos hacen comprender al pobre de Nazareth.

Entre más sencillos, pobres y chiquitos a los ojos de Dios nos hagamos, más dejaremos que Él brille en nuestra vida. Por el contrario, cuando nos sentimos grandes y nos hinchamos como pavorreales, nunca dejaremos que la grandeza de Dios viva en nosotros, ni se refleje en nuestra vida.

El rostro del Santo Cura de Ars siempre irradiaba un amor que lo transformaba, era aquel fuego de la Eucaristía que a diario celebraba de manera fervorosa y con toda la fe posible. Que hoy el Señor nos permita a cada uno despojarnos de todas aquellas riquezas del mundo que no nos permiten verlo, descubrirlo y amarlo únicamente a Él.

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